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Lucha feminista: hoy y siempre

Una columna de Iris Rodríguez

En el primer encuentro feminista de Latinoamérica, en el año 1981 se declaró el 25 de noviembre el día internacional contra la violencia de género. Conmemorando así el asesinato de tres activistas políticas asesinadas en 1960 por la policía secreta del dictador de la República Dominicana, Rafael Trujillo.

Por aquel entonces en el estado español todos los delitos relacionados con la violencia machista quedaban restringidos a la más estricta intimidad. No fue hasta 1997 cuando la trágica muerte de una mujer andaluza, quemada viva por su marido tras haber denunciado malos tratos en televisión, puso la alarma social sobre el tema, hasta entonces tabú.

Treinta y dos años más tarde, en este país se registran alrededor de 140.000 denuncias relacionadas con la violencia machista anualmente según los datos del Consejo General del Poder Judicial. Este año ya son 44 las mujeres muertas a manos de sus parejas.

Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino con un resultado de daño físico, psicológico o sexual para la mujer se considera violencia de género. Pero pensar en violencia machista está íntimamente ligado a pensar en  patriarcado. Un patriarcado que por muchas fotos que colguemos cada 25N en todas las redes sociales en contra del maltrato, o por muchos 8 de marzo que defendamos la igualdad de la mujer trabajadora, sigue presente.

Sigue presente si le damos la mayoría absoluta a un gobierno que quiere ilegalizar el aborto libre, sigue presente si nos quedamos callados ante la posible vuelta a la división por sexos en las escuelas, recordando los maravillosos años grises de nuestra historia. Sigue presente, y muy presente, si las reformas laborales continúan permitiendo desigualdades salariales y horarias entre hombres y mujeres. Sigue presente sobre todo, si no sabemos educar, si convertimos a las niñas en princesas que necesitan de un príncipe para ser algo en la vida.

Sigue presente si las mujeres siguen siendo tratadas como objetos, amenazadas por anuncios publicitarios y estigmas sociales que les hacen martirizarse por no entrar en una 34. La violencia de género no es solo la directa, es decir, no son solo todos y cada uno de los asesinatos perpetrados, ni siquiera son todas las denuncias interpuestas. La violencia de género es todavía un elemento instituidor de nuestra sociedad, la desigualdad de género está demasiado instaurada social y culturalmente. Y mientras no se produzca un cambio de mentalidad, en muchos casos de las propias mujeres, no se producirá el paso hacia la igualdad de género.

Dijo la escritora Emily Dickinson que las mujeres “Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie”, a lo que yo respondo: va siendo hora de levantarse.

 

 

Redacció

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