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Mutilado Corazón

Un text literari de Marc Álvarez

Mutilado corazón siente, no piensa, sólo actúa. Ve sin mirar, pues no hacen falta ojos para captar la oscuridad. No sabe hacia dónde va, pero sí a dónde le gustaría. Salir de ese infierno abrasante y abrasador en el que tantos han perecido por no tener capital, ni fuerza para pecar. O simplemente han nacido en el lugar erróneo en el momento equivocado. Como en las cruzadas, sangrientas y sórdidas han sido las muertes y suicidios que de la ciudad han florecido, venenosa rosa sin espinas. Pues la maldad va por dentro, por sus ásperas calles intactas de bondad, pero relucientes de miseria, no misterio, ya que a conocimiento de todos está el peligro que aguardan.

Mutilado corazón siente, no piensa, sólo actúa. Sale a hurtadillas para no despertar al sueño. No quiere decirle sus planes, pues se los arrebataría como tantas veces en el pasado. Incluso cuando ilusionado le contó en secreto que soñaba con vivir sin tener que pecar para comer, éste se rió del pobre muchacho harapiento que era, destrozándole su más humilde y sincero pensamiento. Lo ve la luna cómplice, que tantas noches le ha ayudado a maquillar la fuga. Una huida de la peor aberración creada por y para el hombre. Una mutación construida para albergar a los que necesitan redención, incluso antes de haber visto luz. Calles llenas de putas envidiosas y borrachos lujuriosos, de mendigos hambrientos y policías consumidos por la ira, de traficantes perezosos y capos codiciosos. Y en la cumbre, una excesivamente injustificada concentración de soberbia. Mafia, heredada nobleza y política que desde la cima de su obra contemplan cómo se destruyen entre sí las diminutas y sustituibles hormigas.

Mutilado corazón siente, no piensa, sólo actúa. Lucha contra la adversidad y contra las normas sociales, lucha contra la insistente muerte, que de tanto pasearse por la zona ha alquilado un pequeño apartamento con piscina comunitaria. Se rebela contra la hormiga reina y su élite, que tanto sudor y lágrimas han debido derramar para edificar tal pesadilla. Y lo hace para agradecer a la estrella pasajera que una vez le miró a sus ojos vacíos de emoción o sentimiento y le susurró al oído que era posible una vida mejor fuera de esa ciudad. Que podía escapar del lugar de su nacimiento, de la única colonia que conocía e ir en la búsqueda de otra más acorde con los derechos humanos. Había vida más allá de aquellos sucios y baratos burdeles, de aquellas andrajosas calles y pestilentes cloacas. Había civilización lejos de aquellas cicatrices andantes que se hacían llamar matones, de aquellos charcos de desilusión y ebriedad en forma de bar. Había sonrisas sinceras a miles de kilómetros de toda aquella hipocresía y falsedad que contaminaba el aire.

Mutilado corazón siente, no piensa, sólo actúa. El turbio callejón de malos recuerdos y peores decisiones le replica, exige un último trago. El valiente muchacho lo mira a él, y a todos sus hermanos que sin alma, tantas fechorías han visto. Le dice que nunca más, y que hasta siempre, pues su destino no está en ese lugar. Sale a la calle principal, madre de todos los pequeños rincones. Indecente decisión a ojos de un Dios para nada misericordioso. Una oveja descarriada quiere escapar de la vida para la que fue creada.

Los deseos de la élite, la ciudad y Dios se ven complacidos de buen grado. Afueras de la ciudad, motel, pelea callejera y bala perdida atraviesan la ilusión del corazón mutilado. Se desploma sobre el polvo que cubre la línea ficticia que separa su cruel nido del resto del mundo. No es una escena romántica, matarlo en un callejón oscuro hubiera sido demasiado tópico. Y la élite, la ciudad y Dios necesitan entretenimiento.

Fotograma de la adaptación al cine del cómic Sin City, ciudad inspiradora del texto.

Marc Álvarez Ramilo
Estudiant de periodisme a la UAB. Quasi melòman, inestable lector, amant del setè art i ferm creient en el gran i desaprofitat poder de la cultura. Escriptor amateur amb massa coses per aprendre.

2 comentaris

  1. Quan escriguis un llibre, et llegiré tantes vegades.

  2. Quan escriguis un llibre, et llegiré tantes vegades.

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