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Mongolia

Para reír a gusto

Una columna de Maria Camila Ardila

Dario Adanti co-fundador argentino de la revista Mongolia  vino la semana pasada a Barcelona a dar una charla, en pocas palabras, sobre cómo hacer que la gente se sienta indignada a través del humor, sobre cómo hacer escraches periodísticos.

“De alguna manera la revista está diseñada como un escrache ¡PAM! directa y una fórmula así solo funciona en momentos de gran quilombo social”, señaló el argentino.

¡Mira cómo ahora!

Por los mismos días se celebraba, también en Barcelona, un homenaje a Jaime Garzón en el marco de la Semana del Humor Latinoamericano.  Jaime Garzón fue un periodista-humorista colombiano que murió asesinado en 1999, crimen que 14 años después no tiene responsables.

Este hombre se dedicó a hacer reír a los colombianos de su realidad, a abrirles los ojos ante las acciones de sus políticos, a hacer ver los chanchullos y entramados de los de arriba. “Había llamado a Colombia a pensar”, dijo durante el acto Antonio Morales amigo, guionista de los programas de Garzón, periodista colombiano y autor de una breve e ilustrativa biografía sobre la ya leyenda colombiana.

La fórmula de Garzón es muy similar a la de Mongolia: ser directo, claro y a la vez jugar con los segundos sentidos. Garzón se metió en la piel de varios políticos y personajes típicos de la escena colombiana como el vigilante del edificio Colombia Nestor Elí, Dioselina Tibaná la concinera del Palacio Nariño (la Moncloa de Colombia) o el último, Heriberto de la Calle el embolador de zapatos y entrevistador que a tantas personalidades puso en aprietos sus preguntas tan directas y aparentemente inocentes.

  Jaime Garzón en la piel de Heriberto de la Calle entrevista al ex-embajador de EEUU en Colombia Myles Frechette (1999)

Tanto Adanti como Morales coincidieron en que el humor político es un arma más peligrosa que la crítica seria. Son ejemplo los arrestos del humorista egipcio Basem Yusef: la primera vez por burlarse de Mursi y la segunda por hacer lo mismo de Abdelfatah al Sisi,  uno de los únicos puntos en común entre ex-presidente y presidente “de facto”.

 A Jaime Garzón lo mataron por tentar a la muerte, por no callar cuando se le pidió como muchos periodistas colombianos, latinoamericanos y de todo el globo. Por pretender lo que no se debe en una sociedad como la colombiana, y últimamente aquí en la península, que la gente tenga una actitud crítica ante los que mandan.

“Más allá del color ideológico lo maravilloso es que no hay nada más risible que el poder”, añadió Morales, “la sátira es una gran oportunidad para mostrar los niveles de idiotez y de ridículo”. Es la manera más ilustrativa de los medios de actuar como cuarto poder: “Mirad a quién le estáis votando, a la próxima hacedlo mejor”, parece que nos dijeran.

Pero parece que no aprendemos, nos limitamos a reír o a llorar, según como se mire. Ha llegado el momento de reírnos de nosotros mismos y del ridículo que estamos  protagonizando al permitir que políticos y bancos hagan y deshagan a voluntad.  Quizás haga falta defenderse con los dientes como los trabajadores de la huelga de los servicios de limpieza en Madrid  para no dejar que nos quiten lo poco que nos queda del Estado del Bienestar y de libertad de expresión, para hacer nuestro lo que un día se nos prestó, pues estamos a punto de ser conscientes de que todo fue una ilusión.

Cuando llegue el día en el que comencemos a cambiar nos podremos reír de ellos y muy a gusto.

 

Mongolia

Portada de la revista Mongolia haciendo sátira de Luis Bárcenas

 

 

Maria Camila Ardila
Colombo-valenciana con base en Barcelona. Estudiante de periodismo en la UAB.

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