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Estado actual de Sur, Diyarbakir, después de la intervención militar turca. Sabela González
Estado actual de Sur, Diyarbakir, después de la intervención militar turca. Sabela González

Pedir derechos humanos en Turquía es sentencia de muerte

Un artículo de Sabela González

Ligado a los pasos agigantados obtenidos por el HDP en la primera vuelta de las elecciones de Turquía, agosto fue el mes en el que el proceso de autogobernanza del conocido y controvertido Kurdistán alcanzaba una nueva fase: se realizaron asambleas en distintas ciudades de la república turca donde se pactó una declaración de autonomía. Este movimiento revolucionario que empezó en Şırnak (ciudad fronteriza con Siria), y que fue seguido por siete ciudades kurdas, buscaba la “construcción y declaración de un autogobierno basado en la población kurda y sus necesidades, la ayuda para el reconocimiento de las garantías constitucionales de igualdad, democracia y servicios públicos; además de acabar con represión sobre la sociedad, incluyendo la violación de los derechos humanos“, según declara el Free Women’s Congress (KJA).

Acto seguido, el gobierno turco declaró “Zonas de Especial Protección” a todas estas ciudades, desplegando así su ejército en el sureste del país e invadiendo de tanques, fusiles y miedo ciudades kurdas. Primero fueron los arrestos de los líderes y miembros de estas asambleas. El paso siguiente: atacar la provincia de Agri, el 11 de septiembre. Después Mus, Bitlis, Mardin, Hakkari, Dersim, Diyarbakir, Siirt… hasta llegar al día de hoy, donde el distrito de Sur, en Diyarbakir (la capital del Kurdistán en Turquía) sigue en plena actividad y contabiliza más de 60 civiles muertos en dos meses de toque de queda. “Y la siguiente será Nusaybin,  hay muchas barricadas y cada noche suenan explosiones y disparos. Ahora Sur y Cizre están acabadas, Silopi y Idil también, así que a  Nusaybin le faltará poco”, asegura el fotoperiodista Jan Schmidt-Whitley, quién estaba retratando el conflicto la semana pasada en Diyarbakir y después saltó a Mardin.

Es decir, el gobierno turco ha vuelto a manipular la situación a su antojo, buscando una excusa más para emplear su propio ejército en mantener la guerra civil en la que se ve sumergida la república. Bajo gritos como “vamos a limpiar la ciudad”, “estaros orgullosos si sois turcos, de otro modo, simplemente obedecer” o “hay sangre en los dientes del lobo, tened cuidado”, el gobierno turco está llevando a cabo una masacre encubierta, ya que el presidente Recep Tayyip Erdoğan ha cerrado cientos de páginas web y censura y controla numerosos medios del país.

¿Y Europa? “Ya no buscamos la visualización de periodistas porque estamos cansados de gritar en vano. Europa no quiere oirnos, nos tapa con el problema de los refugiados sirios y no quiere ver la masacre que estamos viviendo”, afirma la ex-miembro del HDP, Dilan Onuk, quien tuvo que abandonar su casa en Şırnak y mudarse a Diyarbakir con toda su familia después de resistir un mes con los bombardeos constantes. “Mi casa ha sido derruída, como todo Şırnak, ya no quedan más que escombros, ni siquiera cadáveres, porque el gobierno utilizó material químico para deshacerse de ellos cuanto antes”.

Ciudades enteras han sido arrasadas por los tanques y las bombas del ejército. Sabela González.

Ciudades enteras han sido arrasadas por los tanques y las bombas del ejército. Sabela González.

El pacto parece ser el siguiente: Europa no mete las narices en los conflictos internos de Turquía, véase la total carencia de derechos humanos y la bondad con la que trata a los miembros del Estado Islámico y otros grupos islamistas extremistas. Y es que en Cizre “mucha gente nos comentaba que habían soldados con barba y que no hablaban bien el turco, imagino que serían rebeldes sirios ya que muchos miembros del Isil trabajan con el ejército turco“, asegura el periodista William Whiteman, corresponsal enviado a Cizre por la cadena de televisión RT. Y por el otro lado del pacto: Turquía se queda con los refugiados. Según el consenso de Davutoglu, “por cada sirio que Turquía readmita, otro sirio será reasentado desde Turquía hacia la UE”. La canciller alemana, Angela Merkel, añadió que “lo que hemos hecho es volver al principio: que el asilo se pide en el punto de llegada y que el refugiado no elige dónde ir“.

Los beneficios de este pacto, además del evidente para Europa, que es deshacerse del problema de los refugiados que ningún país quiere, es que la Unión Europea “aumentará los 3.000 millones destinados a Turquía para atender a los refugiados, eximirá a sus ciudadanos de la necesidad de visado para viajar a la UE ya en junio y avanzará en el proceso de adhesión al club comunitario”, como bien explica El País.  Y todos contentos excepto los cientos de civiles kurdos que siguen muriendo y morirán en Turquía.

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