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El eclipse Nicolás - rtve.es
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El eclipse Nicolás

Una columna de Marta Mearín

Desde hace meses no se habla de otra cosa. Un chiquillo de veinte años ha burlado a las altas esferas de la sociedad haciéndose pasar por el presidente del Club Joven del PP, colaborador del CNI y de la Casa Real, entre otros. Las imágenes del ya conocidísimo ‘Pequeño Nicolás’ en el besamanos de la coronación de Felipe VI han invadido nuestras pantallas. Es imposible poner la radio y no escuchar su nombre o encontrarse con uno de los cientos de imitadores que lo caricaturiza. Nicolás ha conseguido lo que quería: que le hagan más caso que a nadie.

Y muchos nos peguntamos, ¿por qué se le da tanto bombo? Los medios de comunicación han dejado en un segundo plano asuntos tan importantes como el escándalo de las Tarjetas Opacas de CajaMadrid para dar datos totalmente irrelevantes sobre los presuntos delitos del joven. Alimentan su clarísima megalomanía dedicándole programas enteros, posicionando las novedades sobre su caso al inicio de los informativos, llenando el espacio de los diarios con algo a lo que llaman ‘información de interés’.

Es famoso. Incluso ya hay más de uno que considera que Nicolás es su ídolo, que se lo ha montado genial, que qué pena, le ha faltado poco para conseguir llegar a vivir del cuento. Tiene clubs de fans en las redes sociales, gente que le defiende y personas que, aunque no hacen más que criticar su conducta, mencionan su nombre a todas horas.

Al fin y al cabo la gente habla de lo que le cuentan los medios. Y los medios, para ganar audiencia, hablan de lo que la gente discute. Es una espiral sin sentido que atenta contra el derecho a la información, contra la cultura y, en muchas ocasiones, contra los valores morales. Hablar positivamente – o más de la cuenta, incluso – en los medios de comunicación de alguien que presuntamente ha estafado y usurpado la identidad de otras personas ya es un ataque contra la cultura informacional. Hay gente que cree firmemente en lo que ve por televisión, escucha por la radio o lee en el periódico. Gente que puede llegar a pensar que cometer delitos como los que se le acusan al Pequeño Nicolás puede mejorar su vida, hacerle llegar a la fama que ha alcanzado este joven. Y todavía es más vergonzoso que se siga hablando de él cuando no hay nada que decir y se prescinda de temas tan importantes como el conflicto entre Israel y Palestina, la corrupción en España, la inmigración o los desahucios para seguir alimentando el ego de un pequeño delincuente con suerte.

Ya puede disfrutar de su minuto de fama. Terminará, tarde o temprano, y nos olvidaremos de su historia como hemos olvidado muchas otras curiosidades que llegaron a ser noticia. Pero tranquilos, cuando ya nadie hable de él los medios encontrarán otra manera de alejarnos de la realidad y hacer que sigamos hablando de estupideces.

Redacció

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