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El periodismo de datos, pilar del llamado "periodismo objetivo" - clasesdeperiodismo.com
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Contra la neutralidad y el periodismo objetivo

Si existe la objetividad, quiero que me la presenten ahora mismo.

 José Saramago

Un article de Cristina Barrial

El mundo bipolar que sataniza y ensalza a partes iguales no se construye equidistantemente del periodismo.  Todos los estudiantes de comunicación aspiran a ser grandes profesionales, y más que menos, todos persiguen la quimera que impulsa a los matemáticos. Los de nuestra profesión también tienen su asíntota, su valor límite: la objetividad. No hay duda; la información gusta, la opinión hace desconfiar. Ambas eran ya presentadas por separado por el director de Manchester Guardian, C.P.Scott: “Cada uno es libre de comentar lo que quiera, pero los hechos son sagrados”.

La defensa de la existencia de un periodismo objetivo implica a su vez, la defensa de que los periodistas, en tanto que seres humanos, pueden ser objetivos. Esta falacia es falseada por el sociólogo Maurice Duverger, que afirma que “en la ciencias sociales, el observador forma siempre parte más o menos de la realidad que observa. Incluso el más honrado sociólogo no es nunca totalmente neutro con respecto a ninguna sociedad […] Por una parte, todo problema humano afecta, en cierta manera, al hombre que lo observa, el cual se halla vinculado, consciente o inconscientemente, a un sistema de valores […] El sociólogo corre así siempre el riesgo de tomar posición sobre los hechos que observa. Sus propios juicios de valor le empujan naturalmente a ver los fenómenos sociales de manera deformada, a supervalorar la importancia de lo que está de acuerdo con sus tendencias y a infravalorar, por el contrario, lo que no es así”.

Este tipo de periodismo, que implica la abstracción del sujeto que se configura como mero observador –que no especifica, claro, con qué lupa mira-, es llamado por algunos “periodismo profesional o independiente”, y se opone al periodismo militante. Parece que aquí también gana la batalla del lenguaje. ¿A quién no gusta alardear de profesionalidad o independencia? ¿Quién se fía de un periodismo militante que parece implicar sesgo y parcialidad ya solo en su definición?

El periodismo profesional o independiente está inspirado en el cientificismo de Estados Unidos, y entiende la profesión como una ocupación especializada, diferente de la política. Aunque algunos parecen aferrarse a la idea de que el periodismo nació con la función de presentarse como un mero espejo de la realidad, y que el periodismo militante es más bien cosa de guerras frías, olvidan que la prensa liberal de Jefferson o Locke era una prensa de ideas: defensa de la esclavitud o su erradicación, reconocimiento de derechos sociales…  No había imparcialidad posible: Horace Greeley, fundador de The New York Tribune, no se dedicaba a afirmar “que Este y Oeste tenían sus cosas buenas”, sino que por antonomasia, la frase que más se relaciona con su figura es la de “Go West, Young man”. Podemos afirmar que los periodistas de The New York Tribune distaban mucho de ser imparciales: uno de lo más asiduos era un alemán llamado Karl Marx.

Sin embargo, el periodismo profesional se nos presenta como necesario, como combatiente de los intereses políticos y gubernamentales, como lo que hay más allá de la pasión y la ideología. Su práctica estrella es el periodismo de datos, y en él se basan algunos programas de emisión actual, como El Objetivo. Los receptores de los mensajes audiovisuales de este tipo de programas se creen consumidores de datos aislados, puros, descontextualizados y objetivos. Los emisores, por su parte, rezan por no despertar recelo y que nadie se pregunte: ¿por qué estos datos y no otros? , ¿cuál es el antecedente?, ¿qué interés hay detrás de ellos? El predominio de la prensa comercial fue el que fomentó la adhesión de la prensa a estas ideas de objetividad y neutralidad. No obstante, su compromiso al rigor fue dudoso en algunas ocasiones, al  no escatimar en apoyar ciertas decisiones o golpes de Estado, como la defensa que hacía el diario El País en el 2002 al golpe que intentó tirar abajo el gobierno legítimo de Hugo Chávez en Venezuela.

Pero, ¿es que es posible acaso separar el periodismo de las relaciones estructurales político-económicas de la prensa? ¿No ocultan las máximas del periodismo profesional  los intereses económicos y políticos de sus dueños? No olvidemos que la idea del periodismo profesional nació en un contexto particular: la consolidación de las corporaciones de prensa a fines del siglo XIX en EEUU e Inglaterra, y que este respondía al interés de mantener disciplinado al proletariado y asegurar la fabricación de noticias de consumo masivo. “El objetivo era controlar las redacciones  y colar la información por un filtro común que priorizara contenidos afines al sistema y desechar posiciones anticapitalistas. Fue una maniobra empresarial para imponer categorías que homogeneizaran ideas y garantizaran la producción de noticias dóciles, que no cuestionaran el orden socio-económico imperante. El profesionalismo, en el periodismo, es una simple máscara que encubre objetivos comerciales y responde a la transformación de la noticia en mercancía” (Vox Populista, Silvio Waisword)

Pero hoy, más que nunca, es necesario el periodismo militante, como lo fue en su momento Combat, el periódico creado durante la Segunda Guerra Mundial donde escribían, entre otros, Albert Camus y Jean Paul Sartre.  También como lo fue la revista Alternativa (Atreverse a pensar es empezar a luchar) de Gabriel García Márquez, donde se informaba sobre temas no presentes en ese periodismo profesional imperante: Chile bajo el fascismo, la revolución cubana, el Vietnam de Ho Chi Min triunfante sobre el imperio estadounidense, la Nicaragua sandinista…

¿Qué es el periodismo, sino el intento del empoderamiento del pueblo, de los “sin parte”, de los siempre condenados de la tierra? Un periodista es un intelectual que, como diría Rodolfo Walsh, debe comprender la realidad de su país y, en consecuencia, debe actuar para cambiarla. Hay lugar para los que luchan, no hay lugar para los que lloran, aludiendo a Jorge Massetti.  Combatamos la neutralidad. Tenemos armas cargadas de futuro en nuestras manos.

Cristina Barrial Berbén
Asturiana en Argentina. Entre disparar y escribir elegí lo segundo: no entiendo el periodismo si no es militante. Sur y Este como puntos cardinales.

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