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Una de las imágenes captadas durante el rodaje de Perversidad. Fuente: página oficial de la película.
Una de las imágenes captadas durante el rodaje de Perversidad. Fuente: página oficial de la película.

‘Perversidad’, el largometraje que muestra la jaula represiva

Hablar de dos personajes desgarrados (y con cierto eco en las almas dramáticas de Crimen y castigo de Dostoievski) ya no solo implica pensar en Pickpocket del mítico Robert Bresson. Aunque los personajes de Perversidad no logran encontrarse, vemos reflejada la represión que se esconde tras ciertas ideas. ¿Qué significa hablar del amor o la moral? ¿Hablar de ley solo implica hablar de los que mandan? ¿Alguien perverso puede amar? Dos valientes son los que encarnan la marginalidad que les llevará a vivir en libertad su amor, lejos de la civilización. Perversidad implica sacar del bolsillo más profundo «la eterna lucha entre orden y libertad, convicción e incertidumbre. Un conflicto universal que creemos que es fundamental para entender los instintos y las pasiones humanas y para entender el mundo», afirman Josep Martín, amateur del cine y uno de los colaboradores del film, junto a Maria Pinell, una de las integrantes de un equipo que lleva en marcha un año en la producción de la película para «intentar poner orden a un impulso o necesidad visceral, que nace del rechazo de ciertos aspectos de la vida y del arte».

Con la combinación de imágenes y la música de Maurice Jaubert como banda sonora, la película da un paso más allá, mostrando mensajes ocultos con una manera de hacer totalmente libre, yendo más allá de lo que normalmente ofrecen los largometrajes estándar. Perversidad no es una película que proponga lo prefabricado, o lo más que masticado. Es la búsqueda de recuperar el espíritu subversivo con el surrealismo, como «la herramienta que nos permite romper, en algunos momentos de la película, la estructura lógica que construye la narrativa. De este modo, los personajes y la propia película se liberan, entendiendo la libertad como la indefinición absoluta». Lejos de todo patrón, el equipo ha ido agrandándose y dilatándose según las necesidades de la producción, mientras busca recuperar «la etapa fundacional del cine, en parte por devoción, en parte por necesidad». Y es que Perversidad se creó sin ánimo de lucro, a pesar de que cuenta con una campaña crowdfunding para cubrir los costes de producción y parte del material técnico. Floreció por esas ganas de experimentar con todas las formas cinematográficas y de crear preguntas , «de convulsionar las convicciones (sean las que sean) del espectador, de plantear otras visiones sobre ideas consensuadas por el “sentido común”».

Perversidad, lejos de enmarcarse como un género, es la rotura de moldes, la búsqueda de liberarse de las convenciones formales cinematográficas para crear. Experimentar (en un proceso actual de producción masiva del mismo tipo de películas que están lejos de crear, en la mayoría de los casos, un conflicto moral interno en el espectador. Este reencuentro con la clarividencia de los orígenes del cine ya fue desenmascarado en cintas como Umbracle de Pere Portabella o la audacia y la inteligencia con la que están hechas producciones al más puro estilo de Luís Buñuel o Fritz Lang (M, el vampiro de Düsseldorf). Porque ya lo dijo Sade. «Nadie te obliga al oficio que ejerces; pero si lo eliges, hazlo bien. Sobre todo no lo adoptes como un medio de vida; tu trabajo se resentiría por tus necesidades, le transmitirías tu debilidad y cobraría la palidez del hambre». Y Perversidad nace del amor al arte, y odio a las jaulas de la imaginación y de la vida.

Andrea Bescós
Convencida de que gracias a un pentagrama, a un cuadro, a los versos de cualquier poeta o a los fotogramas de una película, se puede salvar el mundo.

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