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Vistas sobre Porto, desde Vilanova de Gaia. A la derecha, junto a los barcos que permiten cruzar el río, pueden apreciarse algunas casas del barrio de Ribeira. Fuente: Núria Pantaleoni
Vistas sobre Porto, desde Vilanova de Gaia. A la derecha, junto a los barcos que permiten cruzar el río, pueden apreciarse algunas casas del barrio de Ribeira. Fuente: Núria Pantaleoni

Porto: de ‘ciudad-bodega’ a ‘ciudad-hotel’

Un diario de viaje de Marina Montaner

Vista desde la terraza de la Sé, Porto parece un cuadro en movimiento. Al atardecer, algunas gaviotas gritan y danzan en el cielo, enfundadas en un traje negro de sombras que se ponen para la ocasión. Las acompañan algunas pocas nubes, bien finas, bien blancas: el toque perfecto para transformar el cielo en una tela tye-dye azul y naranja que va intensificando sus tonos a medida que el sol se esconde tras el océano.

El Duero –o Douro, para los portugueses – se pinta con los mismos colores que el cielo, mientras sus aguas recorren los últimos kilómetros que las separan del Atlántico. Y en las colinas, se divisan motas de color. Blanco, mostaza, verde botella, burdeos, son los principales colores con los que se visten las fachadas de las principales casas típicas de la ciudad, por las que Porto es tan famosa, y por las que una zona de su casco antiguo, Ribeira, fue decretado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996.

Los miradores permiten descubrir distintas perspectivas de Porto. En esta fotografía, tomada en los jardines del Palacio de Cristal, se puede ver el último puente que conecta los dos lados del Duero antes de llegar a Foz.. Fuente: Marina Montaner

Los miradores permiten descubrir distintas perspectivas de Porto. En esta fotografía, tomada en los jardines del Palacio de Cristal, se puede ver el último puente que conecta los dos lados del Duero antes de llegar a Foz.. Fuente: Marina Montaner

Cualquiera podría enamorarse de las antiguas casas de pescadores que pueblan la orilla del Douro en Ribeira. En los días lluviosos, cuando el cielo se viste de gris perlado y el río de un verde turbio, tanto las fachadas pobladas de azulejos como aquellas que tan solo están pintadas son las encargadas de dotar a la ciudad de un toque de color, volviéndola alegre a pesar de la neblina que invade sus colinas.

Cualquiera podría también enamorarse de la perspectiva de la ciudad que puede verse desde la torre de la Iglesia de Clérigos. Pero estas vistas no hacen sino comenzar a insinuar el grave problema estructural que padece la ciudad. Aún desde los 76 metros de altura de la torre, es difícil disimular que algunos edificios piden a gritos unas obras de reforma. El naranja brillante de algunas tejas recientemente colocadas contrasta con el tono rojizo de aquellos tejados que se han deformado por la humedad, o el verde musgoso de aquellos que se han cubierto de vegetación.

A pie de calle, la situación es aún más abrumadora. La rúa das Flores, ubicada cerca de la avenida dos Aliados y de la Cámara Municipal, alberga tiendas y cafés de lo más modernos, así como restaurantes típicos, regentados por veteranas matronas portuguesas y sus respectivos maridos. Su mezcla entre cultura contemporánea y tradición es un perfecto ejemplo de porqué Porto fue elegida European Best Destination en 2014. Pero aunque esté transitada por gran parte del millón y setencientas mil personas que visitan cada año la ciudad, exhibe también una de sus mayores vergüenzas. En ambos lados de la calle, pueden verse casas con las puertas tapiadas, abandonadas, deshabitadas e inhabitables.

Las casas abandonadas no siempre están en el centro. Esta villa deshabitada con jardín se encuentra en el barrio de Serralves. Fuente: Núria Pantaleoni

Las casas abandonadas no siempre están en el centro. Esta villa deshabitada con jardín se encuentra en el barrio de Serralves. Fuente: Núria Pantaleoni

Las casas abandonadas no son más que el reflejo de los problemas sociales que afrontan los habitantes de la ciudad. Desde hace más de veinte años, Porto pierde habitantes. En la década de los 90, según el European Metropolitan network Institute (EMI), contaba con alrededor de 300.000 habitantes. En el 2012, tenía alrededor de 238.000. Porto se está convirtiendo en una ciudad-museo, o una ciudad-hotel: sus alquileres son demasiado altos para la mayoría de jóvenes o de familias, que prefieren mudarse a ciudades colindantes, como Vilanova de Gaia, del otro lado del río.

El puente de Dom Luis une Porto y Vilanova de Gaia por encima del Duero. Fuente: Marina Montaner

El puente de Dom Luis une Porto y Vilanova de Gaia por encima del Duero. Fuente: Marina Montaner

Cuando salimos de la zona más concurrida por los turistas – situada entre la Cámara Municipal, la Iglesia de Clérigos y la zona de Ribeira – las casas abandonadas multiplican sus apariciones. Algunas ya no tienen techo, y en su interior se ha formado un jardín en el que ha crecido algún árbol. Otras están tapiadas y tienen los cristales tan empolvados que no se puede discernir su interior. El EMI calcula que alrededor estas casas representan un 13% de las de la ciudad. En algunas, cuelga un cartel de permiso de obras. En las más destrozadas, pero, no suele haber ninguno.

Los edificios abandonados contrastan con la modernidad de otros monumentos de la ciudad, como el mercado de Ferreira Borges o la Fundación Serralves, diseñada por Álvaro Siza Vieira y principal ícono del Art Decó en Porto. Pero también con los edificios más conocidos de la ciudad, que se encuentran mejor conservados, para el deleite de los turistas.

La Igreja dos Clérigos, famosa por las vistas de su campanario, es una de las principales atracciones turísticas de la ciudad. Fuente: Marina Montaner

La Igreja dos Clérigos, famosa por las vistas de su campanario, es una de las principales atracciones turísticas de la ciudad. Fuente: Marina Montaner

Livraria Lello 2

La Librería Lello e Irmao es mundialmente famosa por su arquitectura, y fue reconocida como la librería más bella del mundo. Fuente: Núria Pantaleoni

Porto es una ciudad de luces y sombras. No sólo por sus atardeceres llenos de magia, ni por los espectáculos de sombras chinas que dibujan los magnolios en flor en el cielo. Sus contrastes reflejan su resplendor y sus problemas, y algunas iniciativas turísticas quieren sensibilizar a los visitantes sobre la complejidad de la urbe.

Pero estas iniciativas siguen siendo desconocidas para la mayoría de turistas que visitan la ciudad, y que muchas veces siguen sin comprender que su riqueza cultural y arquitectural va más allá del vino, del bacalao, del puente de Dom Luís y de la Libreria Lello e Irmao.

The Worst Tours propone visitas guiadas fuera del ‘Triángulo de las Bermudas’ turístico para ilustrar la complejidad arquitectural y cultural de la ciudad. Fuente: The Worst Tours

The Worst Tours propone visitas guiadas fuera del ‘Triángulo de las Bermudas’ turístico para ilustrar la complejidad arquitectural y cultural de la ciudad. Fuente: The Worst Tours

Marina Montaner
Estudiant de periodisme a la UAB. Curiosa, justiciera i redactora per vocació. Escric perquè m'agrada explicar històries reals.

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