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Zarko Markovic, uno de los jugadores extranjeros que conforman la selección Qatarí.
Zarko Markovic, uno de los jugadores extranjeros que conforman la selección Qatarí.

Qatar y los intereses de los petrodólares amenazan al futbol

Una columna de Jordi Abella

“La mafia es pequeña al lado de la FIFA”. Esta famosa frase fue entonada por el ministro de deportes de Kuwait  después de que su país fuera derrotado por cuatro goles a uno contra Francia en el mundial de España 82. En este partido la selección francesa marcó un gol que debería haber sido anulado por un silbato que sonó en la grada y distrajo al equipo asiático, pero el árbitro dictaminó que el gol había sido legal. Como curiosidad cabe destacar que este ministro decidió quedarse en su país durante la invasión de Irak a Kuwait. Finalmente acabó muerto y su cuerpo acabaría siendo exhibido encima de un tanque por las calles de la capital del país.

En la actualidad, su país vecino, Qatar, se ha convertido en una de las grandes referencias del deporte mundial. En los últimos años, el pequeño país árabe ha pasado a ser un epicentro de la actividad deportiva, donde todo tipo de eventos de primer nivel tienen o tendrán lugar en su territorio, una situación que sirve para poner en el mapa a uno de los países más pequeños del mundo. Ni sus altas temperaturas ni su falta de instalaciones han evitado que los grandes torneos tengan cabida en Qatar. El poder del petrodólar ha sido suficiente para atraer todo tipo de deportes y para dotar del equipamiento necesario para su desarrollo. Motociclismo, fútbol, tenis, golf y balonmano, cuyo mundial se está disputando allí por estas fechas, son algunos de los deportes en los cuales Qatar ha hecho o hará en un futuro de anfitrión de sus torneos.

Debería ser muy positivo para su cultura que un país del oriente medio quiera y pueda acoger tantos acontecimientos deportivos. Pero la triste realidad es que en la llegada de estos eventos no se esconden más que intereses económicos y políticos, algo cada día más habitual en el mundo del deporte, pero que esta vez sobresale con diferencia por encima de los intereses sociales y de ocio. El pequeño país  asiático no está utilizando de manera óptima el deporte para instalarlo como un valor positivo a la sociedad; de hecho, sus ansias de crecer como estado hacen que también se esté precipitando con la acogida de tan grandes eventos. Esto no solo se demuestra por la pobre asistencia que tiene en su propio país la selección anfitriona de balonmano, medida contra la cual el comité deportivo qatarí ha decidido contratar aficionados y vestirlos como si de allí mismo fueran.

El otro ejemplo del puro objetivo lucrativo que Qatar tiene acerca de estas convenciones deportivas es la falta de formación deportiva que tiene el país y el poco provecho que le está sacando a las infraestructuras construidas y a los beneficios reportados por estos acontecimientos deportivos. La selección qatarí que está disputando la copa de Asia cuenta con hasta ocho jugadores de nacionalidades distintas, muchos de países africanos, y es un secreto a voces que pretenden nacionalizar hasta once jugadores brasileños para que su selección haga un papel digno en el mundial que acogerá en 2022. Para ese que sea más reacio a creerlo, tan solo debe fijarse en la selección qatarí de balonmano, la cual se forma con seis nacionalidades distintas y muy lejanas al país y la bandera que ellos defienden por una, más que razonable, compensación económica.

Hace medio año, la FIFA estuvo cerca de retirar el mundial al país asiático por su escasa organización y el retraso de las construcciones de sus modernos estadios. Unos lujosos terrenos de juego que se han cobrado la vida de 188 trabajadores nepalíes durante este último año por la inexistente seguridad laboral y la altas temperaturas que sufre el país durante, prácticamente, todo el año. Estudios pronostican que sumando los trabajadores de otras nacionalidades que participan en la construcción, es fácil que la cifra se eleve a un muerto cada día del año. Otro hándicap se muestra en un hecho ya mencionado, las altas temperaturas que Qatar tiene en verano, época en la que celebran los acontecimientos futbolísticos internacionales. Para ello el país de oriente próximo ha pedido que el mundial se celebre en los meses de invierno, algo que trastocaría todos los calendarios de las ligas europeas.

Finalmente, cabe recordar que la designación de un país como Qatar, quedando por encima de otros que están invirtiendo en el fútbol y su formación desde hace tiempo como Estados Unidos o Canadá continuará siempre siendo dudosa. Fueron muchos los que atribuyeron esta designación a supuestos amaños y manipulaciones en las votaciones. Esta, no tiene por qué ser una visión descabellada. Hay que recordar que Qatar patrocina a los dos clubes más importantes del mundo (Barcelona y Madrid), además de Arsenal, París Saint-Germain o el Hamburgo. La presencia de los petrodólares parece más presente que nunca en el fútbol.

Jordi Abella Vilarò

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