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Quilombo dos Palmares, el quilombo más grande y resistente (Brasil). Fuente: historiabrasileira.com
Quilombo dos Palmares, el quilombo más grande y resistente (Brasil). Fuente: historiabrasileira.com

Quilombo: su triste origen

Una columna de Bea del Corte

Todos conocemos la famosa expresión latina de ‘‘Carpe Diem’’, pero pocos conocen como acaba el dicho: ‘‘Carpe Diem… Memento Mori’’ (‘‘Aprovecha el momento… recuerda que morirás’’). Parece que se trata de un olvido selectivo y colectivo, pero seguro que es porque algunos piensan que ciertas cosas no son dignas de ser conocidas. El caso es que utilizamos nuestro lenguaje muchas veces sin saber de dónde viene o porqué es así.

En nuestro vocabulario, Quilombo quiere decir, según la RAE, lío, barullo, gresca o desorden. En otros diccionarios aparece la siguiente definición: ‘‘lugar al que asisten hombres para contratar servicios de prostitutas’’. En cuentas, una palabra para designar cualquier follón o caos. Pero no porque sí.

‘‘Quilombo’’ realmente significa asentamiento de personas que huyeron de la esclavitud, concretamente en Brasil. Fueron emplazamientos donde esclavos fugitivos que consiguieron la libertad, escapando de las plantaciones a las que estaban condenados a trabajar por los colonizadores portugueses, se asentaron durante casi 200 años; donde se organizaban, además de los negros fugitivos, sus descendientes, indígenas y minorías blancas. Es una palabra originaria del kinbundu, una lengua africana hablada en Angola, nativa de aquellos obligados a cruzar el Atlántico para trabajar en Brasil.

Las ganas de conseguir la libertad construyeron este concepto; mientras que escapaban de su condena huyendo hacia la selva, se fueron organizando en pequeñas aldeas, donde la agricultura era la principal fuente de sustento. Fueron en su mayoría negros libres que consiguieron construirse lejos de la opresión de los esclavistas.

Así, ‘‘quilombo’’, en español, pasa a ser sinónimo de lugar proscrito, expatriado y -para unos- problemático, llegando hoy en día a significar ‘‘problema’’. Es alarmante cómo las élites han sido y son capaces de modificar aspectos tan aparentemente banales como la lengua, cambiando una lucha social tan trascendental que pasó a considerarse un caótico desorden. El vocabulario tiene la costumbre de modificarse con el paso del tiempo, pero el problema es que pierde la noción de su verdadero origen. Y acaba pasando por alto la inhumanidad que hay detrás de una inocente palabra, que oculta el sufrimiento humano de una época de nuestra historia que parece ser olvidada con facilidad.

Redacció

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