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Gabriela Serra, diputada de la CUP, señala el sistema capitalista como el responsable de la pobreza/ Font directe.cat
Gabriela Serra, diputada de la CUP, señala el sistema capitalista como el responsable de la pobreza/ Font directe.cat

Radiografía de la pobreza estructural en Cataluña: si eres mujer tienes más probabilidades de ser pobre

Un artículo de Iris Rodríguez

Esta semana el Parlament celebraba un pleno para tratar la pobreza y la desigualdad en Catalunya. Propuesto por PSC y Catalunya Sí que Es Pot, todos los partidos políticos redundaron en la idea de la necesidad de un plan  social más amplio para acabar con esta lacra. Mientras el Govern apelaba a la necesidad de un Estado propio para poder actuar, la representante de Pobresa Zero, Teresa Crespo, instaba a la cámara a tomar medidas urgentes, porque sí que tienen margen de actuación. La situación es crítica: en Catalunya la tasa de riesgo de pobreza se sitúa en un 20,9%, tras un aumento de 1% en el último año según el Idescat. Para entender la magnitud del problema: 1 de cada 5 personas en Catalunya está en riesgo de pobreza.

En primer lugar es necesario analizar el concepto pobreza. Éste implica mucho más que no llegar a un nivel de renta, como afirma la responsable de Cáritas en Barcelona, Mercè Darnell, la pobreza es un concepto amplio y multidisciplinar. Debemos hablar con propiedad y definirlo como exclusión social.

Vivir en exclusión social es estar al margen del sistema y se analiza en base a diversos factores, no solo el económico, sino que hay que abordar otras caras como el nivel de formación, la situación laboral -paro, empleo precario-, los niveles de salud –una persona de Pedralbes vive de media 11 años más que una vecina de Torre Baró-, los derechos sociales y las relaciones sociales. Esta última cara apenas se visibiliza, pero es vital para entender la exclusión social, muchas personas, especialmente ancianos viven en aislamiento social, y aquí  las mujeres, debido a su mayor esperanza de vida, tienden a sufrirlo más.

Los datos son el mejor ilustrador de la magnitud del problema: el patrimonio de la persona más rica de Catalunya equivale a la renta anual de 150 mil familias catalanas; hay 208.700 familias que viven sin ingresos; se siguen ejecutando 43 desahucios diarios; hay un 10% de catalanes que no pueden calentar sus hogares; y la amenaza de pobreza extrema afecta a un 11.7 de los catalanes, según Idescat.

Por otro lado está la tasa AROPE que tiene en cuenta tres indicadores: población que vive bajo el lindar de pobreza, la población afectada por una privación material severa y la que vive en hogares de baja intensidad de trabajo, es decir, que el número de meses trabajados a lo largo del año por parte de cada miembro de la unidad familiar con posibilidad de trabajar es igual o inferior al 0,20%. En Cataluña la tasa se situaba en un 26% en 2014. Más de una de cada cuatro personas viven por debajo del lindar de la pobreza; un 6,3% es miembro de un hogar con privación material severa y un 12% vive en un hogar de baja intensidad laboral. El aumento de las cifras es considerable entre 2013 y 2014, más de un punto y medio.

La pobreza tiene nombre de mujer

Para hablar de pobreza y exclusión es necesario hacer hincapié en la alerta que se ha hecho desde la Taula d’Entitats del Tercer Sector: las mujeres tienen más riesgo de ser pobres. El riesgo de pobreza en Catalunya ha aumentado un 3% para las mujeres, llegando a un 21,2% en total y en un 0,5% para los hombres. Esta cifra llega a un 42% en el caso de las familias monoparentales, que están encabezadas en un 90% por mujeres.

Esta desigualdad de género se define como feminización de la pobreza y tiene más validez que nunca al analizar en profundidad la situación de las mujeres. Una realidad que los indicadores y las cifras oficiales a veces esconden. Como afirma el estudio sobre “La pobreza en España desde una perspectiva de género” elaborado por Foessa y Cáritas en 2014: “Las mujeres forman parte de esta parte de la población que queda subsumida por las condiciones generales del hogar, esto es, cuyas características no sobresalen al diluirse junto al resto de los miembros con los que conviven”, por lo tanto a las mujeres se les atribuye un estatus social o un riesgo de vulnerabilidad o pobreza a partir de una información extraída de cada unidad familiar sin tener en cuenta que en ese cómputo global se incluyen todas las rentas, las ocupaciones y otras características que afectan a todas las personas del hogar.

Volvamos a los datos, las principales causas de pobreza femenina, según el Dossier Catalunya Social sobre la feminització de la pobresa,  son la menor participación en el mercado laboral y el no reconocimiento económico ni social de otros trabajos que asumen las mujeres de manera mayoritaria, esencialmente los cuidados y mantenimiento del hogar. Estos factores al combinarse dan lugar a una mayor vulnerabilidad del género femenino en todas las etapas de la vida. Según los datos de la encuesta del uso del tiempo del Idescat, las mujeres dedican el doble de tiempo que los hombres a las tareas del hogar y la familia. Y el número de mujeres que trabaja a tiempo parcial triplica el número de hombres

Hablamos de discriminación en el mercado laboral y de la necesidad de conciliar. Esta obligación impuesta de combinar trabajo fuera de casa con los cuidados genera una menor tasa de ocupación femenina, una mayor temporalidad y un salario inferior. No olvidemos que la brecha salarial en España es del 20%. En datos del INE la ganancia media por trabajador es de 24 mil euros anuales para los hombres y de 20 mil para las mujeres. Y si hablamos de contratos indefinidos la diferencia de género llega a los 8 mil euros anuales entre hombres y mujeres.

El informe de la Taula d’Entitats del Tercer Sector concluye que aunque las prestaciones sociales palían la situación de pobreza, no son suficientes para eliminar la tasa de pobreza. Y es que las prestaciones no son igualitarias, tanto las contributivas como las no contributivas son superiores para los hombres. De media las mujeres cotizan menos y sus prestaciones son inferiores: la pensión media de un hombre está en los 1200 euros mientras que las mujeres cobran un 44% menos alrededor de 700 euros

Alarmante es también la situación del mercado laboral, mientras que las mujeres jóvenes entre 18 y 24 años son la única franja de edad donde hay más ocupación femenina que masculina, también son el colectivo más afectado por la pobreza en el trabajo: 1 de cada 5 mujeres con trabajo entre 18 y 24 años es pobre. A nivel global la tasa de ocupación se ha estancado para las mujeres, mientras en la primera fase de la crisis se produjo una gran destrucción de puestos de trabajo en sectores masculinizados, ahora se destruyen ocupación pública y por tanto tiene más incidencia en las mujeres, al ser sectores más feminizados (sanidad, administración). Las mujeres además tienen de media más formación que los hombres, pero no es proporcional en la tasa de ocupación por género.

Políticas neoliberales de los últimos gobiernos como los recortes en la ley de dependencia y otras prestaciones sociales han provocado un aumento de la feminización de la pobreza. Los trabajos de cuidado vuelven a caer en manos de las mujeres. Por no hablar del colectivo de trabajadoras del servicio doméstico y limpieza, formado en totalidad por mujeres y todavía sin poder acceder a cobrar prestaciones de paro.

“Para algunos, los pobres son los causantes de su pobreza. Así se ve la pobreza como un problema, no como una injusticia (…) y en consecuencia las políticas públicas prefieren focalizarse en intentar reducir los efectos visibles de la pobreza en vez de ir a la raíz del problema, el sistema capitalista”, exponía ayer en el Parlament la diputada de la CUP, Gabriela Serra.  Y es que la situación de pobreza es estructural y sistémica. Es necesaria una actuación eficaz e incisiva, son necesarios cambios en las políticas sociales más allá de acciones asistencialistas, son necesarios cambios estructurales. Y estos cambios deben  incluir necesariamente la perspectiva de género.

 

Iris Rodríguez
Galega emigrada. Estudio periodismo en la UAB y Ciencias Políticas en la UNED. Intento escribir sobre cultura política, movimientos sociales y especialmente sobre feminismos.

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