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Pintada en favor de la resistencia galega en Vigo; Fuente deia.com

Resistencia Galega es “cosa de meigas”

Un articulo de opinión de Iris Rodríguez

Para situar la política gallega en un escenario es necesario tener en cuenta la importancia del rural en el espacio social y basan sus estructuras sociopolíticas en el clientelismo y el caciquismo, más propio del siglo XIX.

Partiendo de la base por tanto de que en el espectro político existe una sombra paternalista conservadora que siempre ha tomado el rural como su feudo, se enfrenta a corriente vecinal y obrera que se ha movido en las ciudades costeras en las últimas décadas. El nacionalismo, del que se podría hacer un extenso relato, se puede resumir en un 15-20% del voto que ha sido una constante más o menos estable desde el inicio de la democracia. Si bien entendiendo el nacionalismo en términos de nación como sentimiento de pertenencia a una región, con unas costumbres, una historia y una lengua propia, no es una cuestión que impregne la actualidad ni el imaginario social. Genralizando, podríamos decir que la sociedad gallega es conservadora,  es una sociedad acomplejada por los abusos que ha sufrido por la imposición del Estado español, es, siendo claros, una sociedad a la que le han dicho que su lengua es de pobres, de pueblo inculto y con ella no llegarás a ningún lado, y el discurso, por desgracia ha calado en muchas generaciones.

Un discurso demasiado arraigado en el total de la población, que choca sin embargo con el sentimiento incuestionable de pertenencia a la tierra, un sentimiento que ningún partido nacionalista tiene que enaltecer con banderas, aunque lo hagan. Igual es demasiado arriesgado decir que el sentir gallego no necesita ser politizado para que exista. El conflicto de Galiza como colonia interior del estado español, que decía Xose Manuel Beiras, viene respecto a cómo los gobiernos de la derecha se han ido vendiendo al gobierno central desaprovechando el potencial de la nación de Breogán y cómo han ido acabando con la lengua – en lo que a políticas de educación se refiere-. Por no hablar del afán privatizador, neoliberal y centralista del gobierno actual del PP.

Ante este atentado contra “a terra e a lingua do povo galego” siempre ha habido una resistencia. El potencial de las juventudes independentistas es importante, existen diferentes asociaciones y agrupaciones que dan base al independentismo gallego. A la izquierda de la izquierda.

Es en este punto donde aparece el enfrentamiento del gobierno conservador con esta oposición desagradable. Joven, políticamente incorrecta, contestataria y a la que es demasiado sencillo criminalizar. Entre en juego aquí la vinculación con la actualidad, todos hemos oído hablar de Resistencia Galega.

Este supuesto grupo terrorista ha vuelto a la agenda mediática con la explosión de un artefacto en el ayuntamiento (del PP) lucense de Baralla. La agrupación que nunca ha admitido su existencia ni la autoría de ningún acto violento, se vincula al Movimiento de Liberación Nacional Gallego. Calificada por el Ministerio de Interior como organización terrorista en activo se le atribuyen alrededor de 40 atentados, de los cuales ninguno ha comportado vidas humanas. Las acciones se limitan a colocar artefactos explosivos en sedes de partidos o sucursales bancarias. Su existencia se remonta a dos manifiestos anónimos– emitidos en el 2005 y 2011- apelando a la sociedad gallega a una “Una resistencia anónima, sin siglas como el sufrimiento de millares de gallegos expropiados, emigrados, explotados y españolizados”.

La barrera que separa el concepto terrorismo -apelando a las connotaciones históricas de este país- y los actos violentos -siempre a nivel material- de personas afines a grupos políticos contrarios al poder establecido, es muy endeble. Tanto los partidos de la oposición – BNG y AGE-  como el grueso de la militancia independentista creen que el gobierno del PP busca una criminalización de la oposición más radical y la estigmatización del independentismo gallego.  En la línea de ésta criminalización, las irregularidades en los juicios a presos independentistas son notorias. Destaca el caso de Eduardo Vigo, condenado en 2013 a 18 años por participación en banda terrorista, tenencia de explosivos caseros y falsificación, sin haber cometido ningún atentado. Como dijo el escritor Santiago Alba Rico El asunto es que la única prueba de que los jóvenes independentistas son “terroristas” es que pertenecen a “una organización terrorista”, pero la única prueba de que pertenecen a una “organización terrorista” es que son “terroristas”.   se utiliza un argumento circular perfecto. La sospecha como punto de partida, la presunción de culpabilidad y la absoluta incapacidad para demostrar la no participación en algo que ellos construyen.

La criminalización del partido popular contrasta con la ínfima preocupación que representa el terrorismo para los gallegos (0,3% según el CIS). Dígannos raros pero la población no se atemoriza ante la explosión de una sucursal bancaria que haya estafado por preferentes a medio pueblo, ni ante el estallido de una bomba en la oficina de un alcalde de marcada ideología franquista como tampoco se atemorizaba cuando el Exercito Guerrilheiro do Povo Galego Ceive – agrupación armada que actuó en la década de los 80- volase por los aires uno de los chalets de Manuel Fraga ni de que hiciese menos amena la vida de los narcos gallegos.

Llámenle resistencia. Acciones individuales dirigidas a un colectivo, que pretenden visualizar un problema estructural de la sociedad. De momento la banda Resistencia Galega no se conoce una red de extorsión, armamento y financiación suficiente como para justificar la alarma social de terrorismo que buscan los medios. Podemos tomar por fiables los datos del ABC y creer que la venta de refrescos Galicola en centros sociales autogestionados sean la fuente de financiación del terrorismo, o no. De momento continúa el espectáculo mediático.

Iris Rodríguez
Galega emigrada. Estudio periodismo en la UAB y Ciencias Políticas en la UNED. Intento escribir sobre cultura política, movimientos sociales y especialmente sobre feminismos.

Un comentari

  1. Yo mantengo que atajar este problema persiguiendo a esa permanente media docena de miembros activistas es mucho más caro que cesar o tener en mira al criadero de donde salen. Pero debe de ser, efectivamente, cosa de meigas. Parece que se recauda más mediante embargos regulares que resolviendo problemas de raíz. Así nos va.

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