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Joseba Sarrionandia, escritor y exmiembro de ETA, un mes antes de la fuga. Es la última fotografía que se conserva de Sarri. Font: El País
Joseba Sarrionandia, escritor y exmiembro de ETA, un mes antes de la fuga. Es la última fotografía que se conserva de Sarri. Font: El País

Sarri: lucha textual, la pluma militante

Un artículo de David Castelló

La fuga más bailada. “Sarri, Sarri” por la calle, en bares alternativos y hasta en la cama, entre orgasmos. La bailaste, y la bailas, ciego de alcohol y entre saltos. Una y otra vez, al ritmo del skapunk de Kortatu. Difícil no hacerlo, sería un insulto contra la música, la alegría y, también, contra la literatura. La paz está en guerra, pero la música también. Los instrumentos se convierten en escudos, al son que los compases lo hacen en gatillos y las palabras en balas.

Kortatu, grupo pionero en introducir el ska en la Península –aunque siempre manteniendo su base punk, especialmente influenciada por el grupo británico The Clash-, siempre ha concebido la música como un altavoz cultural, político y una forma de denuncia de desigualdades e inquietudes. Lo muestra la letra de la canción El Estado de las Cosas, que también da nombre a uno de sus discos: “Como ves mi guitarra no dispara pero sé donde apunto aunque no veas la bala”.

La canción “Sarri, Sarri”, escrita en 1985, narra la fuga de la prisión de Martutene, en Guipúzcoa, perpetuada el 7 de julio de ese mismo año por dos presos acusados de pertenecer a Euskadi Ta Askatasuna. Se trataba de Joseba Sarrionandia, conocido como Sarri –apodo que da nombre a la canción-, e Iñaki Pikabea, Piti. Aunque la pieza musical es algo parecido a una crónica, el grupo nunca ha escondido su inclinación política por la izquierda abertzale.

La canción, que fue un auténtico torpedo, relata la curiosa forma en que estos dos presos políticos se fugaron de prisión, a la vez que muestra la auténtica alegría del pueblo vasco tras conocer esta noticia. La letra fue compuesta en euskera por los hermanos Lurdes y Josu Landa, integrantes de Kortatu, con la colaboración de Ruper Ordorika, y se hizo sobre la base de la canción Chaty, Chatty”, del grupo jamaicano de ska y reggae Toots and the Maytals. En una entrevista, el cantante Fermín Muguruza expresa que se hizo sobre esta base porque sus “dos grupos favoritos (Specials y the Clash) habían versionado a Toots”.

La fuga, entre bandas sonoras

Era un 7 de julio de 1985, sumergidos en la teórica transición democrática española pero con la cabeza entera inmersa en el gris de antaño. La banda armada ETA acaba, según el diario El País, con la vida de 37 personas ese año y la represión que ejerce el Estado sobre la organización es más que latente. Las calles de Euskal Herria están abarrotadas de gente, pues es el día grande de San Fermines. Las avenidas y callejuelas de Iruñea, comúnmente conocida como Pamplona, son un verdadero hervidero de gente. Huele a cultura, alcohol y política, mucha política. El panorama así lo exige.

A varios kilómetros, en la prisión de Martutene, la historia es otra. Se está a punto de perpetuar una fuga histórica. Iñaki Pikabea y Joseba Sarrionandia, que ya había iniciado su carrera como escritor, huirán juntos aprovechando la jornada festiva.

Los presos utilizan un concierto de Imanol Larzabal, cantante euskera y defensor de la cultura vasca, para escapar escondidos en los altavoces, que lógicamente ya habían sido debidamente preparados y  adaptados con anterioridad. Una fuga romántica, con banda sonora de fondo, entre corchetas, acordes y una estrofa de nombre libertad. Cuando los funcionarios del penitenciario llevaron a cabo el recuento del mediodía, a las catorce horas, ya era demasiado tarde. Los reclusos estaban lejos, escondidos entre músicas imaginarias.

La noticia se esparció rápidamente por toda Euskal Herria, teniendo un fuerte impacto positivo sobre la sociedad especialmente gracias a la figura de Sarrionandia, que por aquel entonces ya era conocido por sus poesías y relatos y se estaba empezando a convertir en uno de los grandes referentes de la literatura euskera. La letra de la canción de Kortatu así lo cuenta, explicando que la gente bailaba alegre, “tendrá algo que ver con que faltan dos en el recuento general”. La represiva respuesta policial no se hizo derogar y se hizo patente, especialmente, en el entorno literario y cultural, así como en las cárceles euskeras.

Imanol Larzabal fue detenido junto a otras cinco personas –entre las cuales se encontraba el que más tarde sería el jefe del aparato político de la organización, Mikel Albizu Iriarte, conocido como Mikel Antza– acusado de colaborar en la huida de los presos etarras. Siempre se mostró totalmente ajeno a los preparativos de esta operación y, esclarecidos los hechos, fue puesto en libertad. El compositor y cantante participó un año después, en 1986, en un concierto que homenajeaba a una ex-activista de ETA, conocida como Yoyes, que fue asesinada por sus antiguos compañeros en Ordizia tras ser señalada como traidora. Imanol empezó, entonces, a sufrir amenazas de la organización armada, hasta que decidió abandonar Euskal Herria harto de este acoso.

Pikabea reinició su actividad en el aparato político de ETA, pero dos años más tarde fue detenido en Saint Pee Sur Nivelle, en Francia, en una operación policial contra la organización. Tras ser extraditado a España, después de haber cumplido una condena de cinco años en el país galo, el marzo de 2000 salió de la cárcel en libertad condicional.

Sarrionandia, por su parte, tomó un camino muy distinto. Se exilió, consciente de que si se reintegraba en la banda armada tenía bastantes posibilidades de ser encarcelado, dada su trascendencia pública como escritor. Tomó el camino de la pluma, la palabra como arma, convencido de la importancia de la literatura.

Una vez oí a una madre diciendo al niño: “Coge un libro, que no muerde”. Para que se quedara quieto en una esquina, leyendo, y dejara de molestar. Claro que no muerden los libros, pero bueno, estaría bien que mordieran un poco. Ojalá no fuera tan inocua la literatura, cualquier literatura. No sería mala señal que la gente, en vez de hechizarse con la televisión, se indispusiera de vez en cuando con alguna enfermedad de transmisión textual.

SARRIONANDIA, Joseba (2011). ¿Somos moros en la niebla? Editorial Pamiela (Pamplona)

Pese a que los delitos por los cuales fue encarcelado han prescrito, Sarri sigue exiliado, se dice que en Cuba, y no ha vuelto al País Vasco desde su musical huída. Sus noticias siguen llegando de la misma manera, convertidas en libro. Fermín Muguruza, ex-integrante de Kortatu, que cantó “Sarri, Sarri” en múltiples escenarios explica que esta canción no ha acabado aún su camino: “el viaje de esta canción terminará el día que Sarri pueda escucharla en directo en el País Vasco”.

Sarrionandia: lucha textual

Sarri, consolidado como uno de los grandes referentes de la literatura vasca sigue, tras más de treinta años escribiendo libros, relatos, ensayos y poemas, sin considerar la escritura su profesión:

Nunca he tomado la decisión de ser escritor. Cuando di mis primeros pasos, escribir no se tenía por oficio; yo era estudiante, y la escritura, una forma más con la que la militancia generosa de aquella época abordaba los campos de la política y de la cultura. Desde algunas perspectivas profesionales actuales, quizás se recuerde aquella militancia como un sacrificio, e incluso dé lástima, pero vivíamos felices, como los amantes sin dinero. Luego seguí escribiendo en la cárcel, era presidiario de profesión y escribía para olvidar un poco aquella condición. Y después, de nuevo libre, de alguna manera libre, no he tenido más remedio que ser fugitivo de profesión, y nada ha estado ni está más presente en mi vida que la escritura. Pero no diría que soy escritor de profesión, al menos no todavía. De serlo, soy escritor en aquel otro sentido que le diera Thomas Mann, en la medida en que escribir me resulta tremendamente difícil y costoso.
 

ETXEBERRIA, Hasier (2002). Cinco escritores vascos. Entrevistas de Hasier Etxeberria, Alberdania.

Sarrionandia, licenciado en Filología Vasca en la Universidad de Deusto, es un escritor sobradamente conocido en tierras euskeras. Aunque su literatura está obviamente condicionada por su militancia en ETA y los cinco años que estuvo encarcelado, la condición de fugitivo y de clandestinidad no ha impedido que su actividad haya sido intensa y reconocida con premios.

Desde el ingreso en la cárcel de Martutene en 1980, de la que se fugaría cinco años después, el escritor no ha cesado en su actividad literaria. Además de una fructuosa y amplia obra, que se inició en 1981, el luchador textual ha recibido varios reconocimientos entre los cuales destacan dos Premios de la Crítica narrativa en euskera –la primera en 1986 por la colección de relatos Atabala eta euria (El tambor y la lluvia), y la segunda en 2001 por su primera novela Iagun Izoztua (El amigo congelado).

Pero hay, sin duda, un premio que cabe destacar por encima de todos, tanto por su repercusión como por su prestigio que lo consagra como un referente literario del euskera. Se trata del Premio Euskadi de Literatura, concedido por su libro Moroak gara behelaino artean, traducido como ¿Somos moros en la niebla?. Este galardón llevó consigo una repercusión mediática notable al decidir, el Gobierno Vasco, que retendría la totalidad de los 18.000 euros de premio, justificando que su situación no está regularizada.

Pero Sarrionandia, desde su clandestinidad, seguirá deleitando a sus lectores con obras maestras donde política y cultura pintan las hojas en blanco. Seguirán los jóvenes bailando “Sarri, Sarri”, recordando el romanticismo de la fuga de la prisión de Martutene y al escritor que, desde su guarida, seguirá convirtiendo la pluma en su militancia.

Defiendan su negra paz
(de “Viejos marinos”)
Defiendan su descanso sembrado de blancas palomas,
Con billetes de banco y armas pesadas.
Defiendan su negra libertad de
Trabajar, hacer deporte, rezar,
Defiendan la negra casa de su padre
Para no perderse ni un folletón televisivo,
Defiendan su negro sueño y que sus bellos sueños
Engendren otros bellos sueños,
Defiendan el sosiego de sus corazones
Que perfuman hasta ahogarlos, y su fin de semana,
Defiendan su negra paz
Y su reloj de una única aguja:
Somos hijos de alguna oscura loba,
Es la hora, señálenos con su dedo índice
Y que sus policías tiren contra nosotros

David Castelló García
Estudiant de periodisme a la UAB. La utopia a l’horitzó i els versos al carrer. Fills de l’oblit, la paraula i les persones. Interessat en història contemporània, moviments socials i cultura.

Un comentari

  1. Sarri sarri, sarri sarri!!!
    ai com m’agrada quan la Columna fa retrospectiva literaria!!!!!!!!!!!!!

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