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Portada del libro de Enric González. / casadellibro.com
Portada del libro de Enric González. / casadellibro.com

Siempre nos quedará su Londres

Una crítica de Marc Álvarez

Amar es querer y apreciar las imperfecciones del mismo modo que las virtudes. Si a esto le sumamos la tremenda implosión de dispares sentimientos y emociones que provoca en nosotros el primer amor, el resultado es una bella, pura y ardiente irracionalidad que siempre quema hasta dejar marca. Un proceso que sufrió/disfrutó Enric González, periodista barcelonés especializado en el arte de la corresponsalía e infiel amante de ciudades.

El nombre de esa primera fogosa relación es Londres. Él afirma que fue gracias a Sadam Husein, yo opto más por unas fuerzas semejantes a lo que conocemos como destino. Sea como fuere, el escritor la conoció por una serie de circunstancias laborales: acabó trabajando en su seno como corresponsal de El País cuando se iniciaba la última década del siglo pasado. Y con la fría a la par que nostálgica perspectiva que brinda el paso del tiempo, relató su aventura amorosa dándole vida al hijo de ambos: Historias de Londres.

Estructurado geográficamente en tres apartados diferenciados – oeste, centro y este – es, según los mitológicos seres que escriben las sinopsis, una fantástica sucesión de crónicas. Yo lo veo más como un necesario ejercicio de sinceridad del autor consigo mismo y, ya de paso, con el mundo. Y no miente cuando afirma ser escéptico, pero se deja sorprender con los encantos y desencantos que le brinda la capital inglesa.

Y aunque no presente un ritmo narrativo in crescendo, tampoco lo necesita, puesto que éste es siempre sorprendentemente ligero, teniendo en cuenta el elevado número de información, historias y datos que da. Quizá por complementarlos con anécdotas personales, quizá por su sutil y fina ironía mezclada con algo de humor británico, quizá por su amplio vocabulario y su natural escritura o quizá por su descubierto cinismo, todos esos trabajados detalles destinados a que comprendamos el por qué de cada cosa que describe se tornan realmente asombrosos. Quien considere que el periodismo no puede/debe ser literatura tiene un gravísimo problema.

Pero, ¿qué explica? Sin duda, no toda Londres. Algo más valioso: SU Londres. Y su pasado, inmediato o antiguo – el que sea más interesante de los dos- o incluso ambos. Retrata la ciudad de la que se dejó empapar hasta las entrañas, e intentó comprender escuchándola a través de Syd Barrett, Eric Clapton, Sex Pistols y The Rolling Stones estando en los lugares que ellos mismos habían frecuentado. La leyó con los diarios The Independent, The Times, The Guardian, The Observer, Financial Times y The Economist y conoció a todo tipo de periodistas. No se puso violento al lado de los hooligans del Arsenal ni tampoco del Tottenham, aunque investigó el lado más criminal de Londres gracias al impulso que le dio Conan Doyle, percatándose de la difusa barrera que separa a la ficción de Sherlock Holmes de la realidad de Jack the Ripper.

Se la bebió y le supo a whisky y a cerveza, aunque fuera agua lo que no cesaba de caer del cielo. Presenció y criticó las consecuencias del thatcherismo e ironizó sobre el “lujo más obsceno” de la familia real. Tuvo ataques de claustrofobia en las estaciones de metro y sintió cómo le robaban el aire que tanto ansiaba. Intentó entender el aún presente caos religioso, se fascinó con las leyendas – también urbanas – y visitó los pubs del Soho, incluido en el que Karl Marx engendró su ideología. Contempló asombrado, gracias a su arquitectura y sus más y menos ilustres personajes, la variada heterogeneidad que la puebla.

Cogió todos los elementos nombrados y sin nombrar – que son muchos más – y, simplemente, los plasmó por escrito. ¿No es maravilloso? Enric González creó con Historias de Londres un juego de espejos que se va retroalimentando, en el que no hay ningún reflejo idéntico: cada lector absorbe la ciudad que plantea el autor y la imagina del mismo modo, pero la modifica utilizando sus propias vivencias, haya estado o no.

Como ocurre con la mayoría de primeros amores, cuando unas fuerzas parecidas al destino le comunicaron al periodista que debía finalizar su relación, éste entró en pánico. “Les costará echarme de aquí”. La vida es cruel, y tuvo que abandonarla, aunque recayó en sus encantos en alguna otra ocasión. Por suerte para él, y para nosotros, siempre nos quedará su Londres.

Marc Álvarez Ramilo
Estudiant de periodisme a la UAB. Quasi melòman, inestable lector, amant del setè art i ferm creient en el gran i desaprofitat poder de la cultura. Escriptor amateur amb massa coses per aprendre.

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