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Mochilas en el Reino del Siam, Tailandia

 Un diari de viatge de Sofia Català

Escoger. A hachazos de un sol que cambia de color tan rápido como se inclina la balanza. Es mi mayor defecto y la virtud que me define. Escoger es el verbo que aturde mi vida, desde si tomarme un café o una cerveza, hasta si creer que me he enamorado para convencerme de que no lo he hecho. Lo intuí hace unos meses y lo aprendí hace una semanas, de vuelta a casa, en una de esas charlas post-viaje que obligan a abrir de nuevo la mochila para sacar los garabatos esbozados y acabarlos de tejer en el alma.

Aprendí que me encanta pensar por todos los fantasmas que veo donde no los hay, que me gusta volar, que me aburre soñar, que prefiero caminar, que necesito viajar.  Entre nubes de bambú, dientes de león y sonrisas estrelladas en el corazón, aprendí que había escogido, en resumidas cuentas, vivir.

 

Tailandia.

Allá donde jamás se lograron asentar.

Ese lugar donde las sonrisas son eternas, donde los llantos se esconden tras máscaras de colores, donde cada gesto cobra vida.

La cultura del respeto, la espiritualidad, la admiración, las idolatrías, los fanatismos, la incultura.

La tierra de Buda. También lugar para hinduistas, animistas o cristianas selváticas.

El universo de los mitos, las historias y las verdades.

Está escrito. Lo cuenta la leyenda…

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Los ojos de Erawan. Sofia Català – lacolumna.cat

 Fuerza, sabiduría y protección.

La simbiosis perfecta entre el ser humano y el universo, la cabeza del dios Ganesha, la figura del conocimiento. Erawan, “el que une o teje las estrellas”, el protector de Indra, el guardián de los relámpagos. La reencarnación de Buda. El elefante blanco. El animal sagrado. Ahora cautivado. Encadenado. Vendido.

Elefante en venta. Olga Garcia – Expedición Tahina-Can 2014

 

La omnipresencia de Buda

El Buda de Esmeralda, el Buda de Oro, el Buda Reclinado, el Gran Buda… Y silencio. Mucho silencio. Una especie de hipnosis que augura paz y genera malestar social. En sí, el budismo es oro que reluce. Detrás, como todo opio del pueblo, alimenta el sueño de sus fieles. Y al final todo queda en eso. En sueños.

Los monjes de hoy en el templo de Wat Arun. Olga Garcia – Expedición Tahina-Can 2014

 

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Templo Wat Arun, Bangkok. Sofia Català – lacolumna.cat

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SkyTrain Bangkok. Olga Garcia – Expedición Tahina-Can 2014

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SkyTrain Bangkok. Olga Garcia – Expedición Tahina-Can 2014

 

Caminos, carreteras, mochilas, historias. Todo comenzó una mañana de domingo en pleno centro de Chiang Mai, al norte de Tailandia. Digo comenzó, simplemente, porque sucedió otro principio. Como en cada abrir y cerrar de ojos. El valor añadido fue el movimiento, la camioneta, el viaje. El destino era la selva. La meta, los Karen.

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Caminos, camionetas y viajes y viajeros. Chiang Mai. Sofia Català – lacolumna.cat

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El primer trekking. La selva. Sofia Català – lacolumna.cat

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Poblado de la tribu Karen. Sofia Català – lacolumna.cat

Cuando cayó la noche, el día se convirtió en un viejo recuerdo cuya esencia prendía fuego entre acordes desafinados. Sucedió en un lugar que  todavía no soy capaz de ubicar ante un mapa. La estrella grande bajó del firmamento una vez más. Tahina-Can. La que alumbró el camino de los Carajá. Una guía para guerreras y guerreros cómplices del arte de viajar.

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Noche en la tribu Karen. Sofia Català – lacolumna.cat

 

Dicen que los dientes de león son oráculos del amor, presagios de buena suerte, semillas de felicidad. Volaron. Y llegaron justo a tiempo. Sucedió, según como se mire, en un camino de rocas con vistas al Mae Taeng. A escasos minutos de llegar a la tribu de los Lahu. Cuando los dientes de león se asomaron entre las ramas del mirador, los gritos tahinos se escucharon desde una balsa de bambú que pasaba por allí, casualmente, en el mismo momento. Se paró el tiempo.

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Segundo trekking. El río Mae Taeng y los dientes de león. Sofia Català – lacolumna.cat

 

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Segundo trekking. Cristianas selváticas en Tailandia. Sofia Català – lacolumna.cat

 

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Segundo trekking. Más selva. Sofia Català – lacolumna.cat

 

Los Lahu  viven a la orilla del Mae Taeng, aproximadamente a una hora y media en balsa de bambú del pueblo Shan Ban Sop Kai. Por las noches suelen bailar alrededor del fuego. Entre flautas y tambores. Esa velada, en cambio, fue especial. Tahina-Can estaba allí. Memorias, reflexiones, viajes. Magia.

 

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Lazos Lahu. Sofia Català – lacolumna.cat

 

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Poblado de la tribu. Sofia Català – lacolumna.cat

 

Lazos Lahu. Olga Garcia – Expedición Tahina-Can 2014

 

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Noche en el poblado Lahu. Sofia Català – lacolumna.cat

 

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La despedida. Sofia Català – lacolumna.cat

 

Más historias sucedieron en Bangkok. También en Chiang Mai. Pero forman parte de otros principios. Que se quedaron en la camioneta. Justo antes de conocer a Erawan. Después de aborrecer a Buda. A dos días de descubrir que  había escogido el camino correcto. Después regresé a Barcelona. Y entonces el viaje volvió a empezar. Porque de eso se trata. De recoger la mochila, volver a casa y vivirlo todo como si fuese la primera vez.

 

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Chiang Mai. Sofia Català – lacolumna.cat

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Vistas de Bangkok desde el Bayokee Sky Hotel. Sofia Català – lacolumna.cat

 

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Río Chao Phraya, Bangkok. Sofia Català – lacolumna.cat

 

Tailandia.

Allá donde logramos adentrarnos.

Ese lugar donde las sonrisas se convirtieron en música, donde los llantos prendieron fuego de colores, donde cada gesto cobró vida.

La cultura del romanticismo, las mochilas, la humildad, la gratitud, la experiencia, la comunicación.

El reino del Siam. Un lugar para cómplices de la estrella grande, del arte de viajar.

El universo de los caminos, las carreteras y las verdades.

Está escrito. Grabado en el corazón.

 Para siempre. 

Sofia Català
El periodisme, com la vida, solament es pot entendre de viatge.

Un comentari

  1. Que sempre sigues tan jove

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