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Un tren com un altre a Arc de Triomf. Font: lacolumna.cat

Teatro en las vías

Un texto literario de Marc Romero

Suena, el despertador suena, y con él, en un acto de automatismo y con los ojos aún cerrados el brazo se estira para subir la persiana. Los ojos no habían hecho fuerza, no entraba esa luz repentina y matutina a la que estaban acostumbrados, las condiciones climatológicas exteriores no acompañaban ni a levantarse ni a pasear al perro. Una vez con la correa puesta, y el chubasquero colocado, el perro, al ver el panorama exterior no andaba. Estamos hablando de un chihuahua demasiado sibarita. Después del paseo obligado y de hacer las maletas, acto que denota el cese de las vacaciones, toca coger el tren.

Difícil, ardua, complicada, engorrosa, laboriosa y fatigosa tarea la de coger el tren aquí en las cercanías barcelonesas. Vas cargado, una maleta por mano y la pequeña bandolera donde llevas todo lo que hay que tener cerca. Sabes que el tren sale en cinco minutos, llegas a la estación a tiempo, pero nadie vende billetes: sólo hay unas máquinas que te devuelven todo el cambio en monedas y que están abarrotadas de gente, en su mayoría gente inexperta en la aventura que supone coger un tren, que no saben dónde van, o dónde están. Aun así entras en el andén a tiempo, y el tren ya está ahí estacionado: sólo queda subirse y misión cumplida.

Te subes, colocas las maletas en una estantería a la que nadie de estatura media llega, te sientas y recoges las piernas porque no hay sitio donde meterlas. “Solo es un trayecto de hora y media”, piensas. Santo Inocente… El tren arranca 20 minutos más tarde de lo programado: si tenías planes ya puedes decir que llegas tarde. Cuando arranca, las paradas en cada estación se hacen interminables (es lo que tienen los trenes regionales) hasta que llega a una estación, a medio camino ya del punto final, y el conductor, o quien sea, decide pararse durante otros 15 minutos, porque sí.

Un tren com un altre a Arc de Triomf. Font: lacolumna.cat

Un tren com un altre a Arc de Triomf. Font: lacolumna.cat

Cuando el responsable de la maquinaria decide arrancar, porque considera que 40 minutos de retraso ya son suficientes, se sube la señora con el cochecito del bebé, a la cual no se le ocurre plegarlo y ponerlo bajo su asiento; el hombre con la pareja de perros, sin atar (obviamente); el deportista mañanero con la bicicleta y la nueva promesa de la música con el altavoz y el micrófono. El inexistente espacio que tienes para las piernas, el masaje que te tendrán que dar después por subir las maletas a una balda de dos metros (para que luego venga gente con cochecitos, bicicletas y perros), la hora que ya llevas de retraso y la temperatura polar de dentro del vagón… Todo esto hace que te plantees si realmente tu billete vale lo que pagaste.

Ya has llegado, tan sólo ha sido un viaje de dos horas y media para hacer 70Km. Bajas las maletas de la ya famosa balda, las cargas por los escalones del tren (que está un metro más arriba que el propio andén, perfecto para la gente de la tercera edad), y te aproximas al ascensor, que, de la misma forma que las escaleras automáticas, no funciona, pero bueno, ¡¿Qué son 40 escalones con dos maletas de 30 kilos?! Y, cual Rocky en las escaleras del museo de Filadelfia, te armas de valor y las subes.

Ante tal traqueteo, el billete se te ha arrugado, no pasa por la máquina y no hay nadie a quien le puedas explicar tu dantesca situación, así que decides pasar detrás de alguien que sí que tiene el billete en condiciones, y, para tu sorpresa, vienen dos seguratas a decirte que pases el billete. No sabes ni de dónde han salido, ni por qué no los has visto antes, pero el caso es que ellos a ti sí te han visto, y después de explicarles en la tesitura en la que te encuentras, puedes salir por fin de la estación. Lo que tenía que ser un viaje de hora y media ha sido un viaje de tres, y lo que vale 7€ tendría que valer 3€.

Aun así, si consideramos que en un mismo viaje hemos tenido clases de cuidado infantil, acompañadas de sesiones musicales diversas, con animales correteando en medio de la quijotesca situación y con una media parte de 15 minutos, podríamos considerarlo un teatro móvil, así que, señores, estemos agradecidos a pagar lo que pagamos!

Redacció

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