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La persistencia de la memoria, obra de Salvador Dalí. / Wikiart
La persistencia de la memoria, obra de Salvador Dalí. / Wikiart

Tiempo

Un text literari de Marc Álvarez

Las estructuras de la potencia animal que nos debería mover se desmantelan paulatinamente por culpa de las cadenas que nos atan a unas miserables vidas regidas y controladas por el tiempo. Ese indomable poder al que estamos sujetos indistintamente desde que nacemos. Nuestras existencias marcadas por el asesino más longevo y perfecto que existe. Un desalmado y egocéntrico ente que nos obliga a ir siempre preocupados y pendientes de él en su infinidad de formas e interpretaciones.

El mismísimo originador de los despertadores y las alarmas. Conceptos sucios, fríos y escalofriantes. Por mi que se los inserte todos y cada uno de ellos por el recto.  El culpable de muchas de las jaquecas y arrepentimientos diarios de los integrantes de esta nuestra sociedad.

Sin embargo, y aunque no sea así, hay ocasiones en las que parece que éste sea relativo. Momentos que, en nuestras mentes, se extienden hacia el infinito, y nos transportan al más idílico de los paraísos. Ese electrizante solo de guitarra que recorre cosquilleándote cada centímetro de tu ser. Esa poesía que te desnuda y te conoce, sin permiso. Esa pícara sonrisa que te envuelve cálidamente y te acelera el corazón y demás órganos. Ese viaje con amigos en el que dormir no está en tu lista de prioridades. Esa película que te atrapa entre sus finas garras y no te deja escapar…

Es paradójico que cuando finalizan, estos momentos pasan a ser un mero pestañeo, algo tan veloz que crees no haberlo disfrutado suficiente. Y para joder más, si cabe, a medida que creces todo parece pasar más rápido. Supongo que la gracia estaría en saber aprovechar cualquier instante como si fuera la última cosa que hicieras. Si no follamos como si el mundo fuera a explotar al día siguiente paren este tiovivo, que se está oxidando y me he cansado de la monotonía. Aunque supongo que no tenemos tiempo para eso.

Pensad, joder, que sólo estamos de paso. Que todo lo que hacemos por aquí se pierde en la eternidad de la inexistencia más completa que conocemos, la nuestra. Algo tan penoso, tan banal e insignificante pero tan importante para nosotros en ese momento, que se convierte en una de las contradicciones más bellas del universo.

Si eres joven, en realidad no sabes si tienes toda la puta vida por delante. Así que carga contra ella de la forma que te parezca más placentera. Cómete a los pecados capitales y caga felicidad. Y si eres viejo, también. No importa el género, la edad o la clase en la que hayas nacido, posiblemente crecido y más probablemente vayas a morir. Si nuestra estancia en esta pocilga es pasajera rompe todos los esquemas y vuela. Y si no lo es, hazlo igual. Muerde el reloj y quema las horas, aunque todo tu entorno diga lo contrario. Sé visceral y expresa tus temores, angustias y miedos. Tus alegrías, triunfos y felicidad más pura.

¿Ves? Todo intangible, como este texto. Como la vida y como la muerte. Y, absolutamente, como el tiempo, que sin ser relativo, tú decides si disfrutarlo o sufrirlo.

Marc Álvarez Ramilo
Estudiant de periodisme a la UAB. Quasi melòman, inestable lector, amant del setè art i ferm creient en el gran i desaprofitat poder de la cultura. Escriptor amateur amb massa coses per aprendre.

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