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Macri (izq), Scioli (centro) y Masa (dcha), los favoritos en las encuestas a la presidencia de la Nación Argentina
Macri (izq), Scioli (centro) y Masa (dcha), los favoritos en las encuestas a la presidencia de la Nación Argentina

Tridente sin zurdos

Se terminan doce años de gobierno kirchnerista. Continuidad o cambio rigen la campaña electoral que finaliza este jueves.  Qué es continuidad y qué es cambio no queda tan claro.

El próximo 25 de octubre se celebrarán en Argentina las elecciones presidenciales a las que 32 millones de argentinos concurrirán para elegir una nueva fórmula de presidente-vicepresidente, la renovación de la mitad de la Cámara del Congreso de Diputados, un tercio del Senado y 43 legisladores del ParlaSur.

Según el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), estas serán las elecciones con menor número de candidaturas de la historia de Argentina desde el final de la dictadura, ya que la forma de votar es distinta desde el año 2009 debido a las llamadas PASO: Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. Las PASO, celebradas en agosto, fueron una antesala de las elecciones que se celebrarán este domingo y permitieron elegir, de entre una serie de aspirantes, las candidaturas que se presentarán finalmente. Podríamos decir que funcionan como una especie de oportunidad para el voto ideológico frente al voto útil que suele caracterizar la elección final y, más aún, el posible balottage que enfrentaría a los dos candidatos más votados y que se celebraría en noviembre de no reunir ninguno, al menos, un 40% de los votos y una distancia de 10 puntos respecto del segundo.

Los seis candidatos que superaron el techo de votos necesario en las PASO  (un 1,5%) fueron Daniel Scioli (Frente para la Victoria), Mauricio Macri (Cambiemos), Sergio Massa (Una Nueva Alternativa), Nicolás del Caño (Frente de Izquierda y de los Trabajadores), Rodríguez Saa (Compromiso Federal), y Margarita Stolbizer, la única mujer (Progresistas).  Sin embargo, según las encuestas, la posibilidad de sentarse en el sillón de Rivadavia sólo pasa por los tres titanes que tienen en común más que un apellido italiano: Scioli, Macri o Massa.

“El peronismo es un gigante invertebrado y miope”, decía Cooke, peronista revolucionario argentino en los años 60.  “Cuanto más imprecisa, más indefinida, más ambigua sea la caracterización del peronismo, más podrán cobijarse bajo su bandera y utilizar su nombre para cometer las más repugnantes estafas a la buena fe común.”

El intruso se volvió K

Daniel Scioli nació políticamente bajo el menemismo en 1997, cuando fue elegido diputado nacional por el Partido Justicialista porteño. En el 2007 comenzó a ocupar el cargo de  gobernador de la provincia de Buenos Aires con el 48,5% de los votos, puesto que ostentó hasta que hace unos meses Cristina Fernández de Kirchner le eligió a dedo como sucesor para presentarse a las PASO por el FpV. Si bien el matrimonio K también se gestó políticamente en años de Menem, ambos supieron romper completamente con el vínculo en sus mandatos, creando un nuevo significante, una superación del peronismo: el kirchnerismo.

No fue este el caso de la gestión de Scioli en la provincia, donde apostó por la militarización del conurbano, el ajuste de presupuesto en sanidad, la no respuesta a los docentes de la provincia, el escaso nivel de propuestas en paritaria, la controvertida idea de bajar la edad de imputabilidad, etc. Su figura, que causaba el recelo kirchnerista hasta hace unos meses por ser considerado intruso interno, la cara amable del stablishment, es ahora el encargado de continuar con el proyecto (nacional y popular)  junto con su compañero vicepresidente en fórmula, Zanini, de pasado maoísta y reconocida simpatía K.

Lo importante no es el hombre, es el proyecto. Así puede explicarse la estrategia por la que el FpV es capaz de combinar en una misma fórmula dos perfiles tan distintos. En el saco flexible del peronismo cabe todo si eso significa mayor número de votos. Laclau hablaba del movimiento de apertura y cierre como modo de conformación de identidades políticas. ¿Qué mayor apertura que asegurarse el voto de la clase media pudiente con Scioli? ¿Qué mejor manera de cercarle colocando a Zannini a su lado? El 40% que le otorgan las encuestas podría colocarle en la Casa Rosada sin necesidad de un balottage.

Cambiemos, ¿qué?

Mauricio Macri, jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires desde 2007, se ha configurado como la oposición que lucha por disputarle los votos a Scioli. Las encuestas le otorgan entre un 27% y un 30% de los votos. El pasado 8 de octubre inauguraba un monumento a Perón. Él también entiende de estrategias electorales. Él dice cambio, no continuidad. Qué es continuidad y qué es cambio no queda tan claro.

Su apellido nos remite a una familia que se lucró económicamente durante la dictadura, multiplicando el número de empresas en posesión. Comenzó como presidente del Boca Juniors en 1995. El Grupo Macri, propiedad de su padre y del que él forma parte, compró Correos Argentinos durante el gobierno de Menem y lo llevó a la ruina. Durante sus mandatos en la ciudad autónoma de Buenos Aires destacan medidas como el recorte de 65 millones de pesos para políticas de Derechos Humanos y la subvención de la educación privada en detrimento de la pública.

Sin embargo, mientras unos tratan de buscar votos entre la derecha confusa, Mauricio Macri apuesta por el cambio manteniendo conquistas del kirchnerismo de ya innegable valor, como son la Asignación Universal por Hijo y la estatización de YPF. Giro discursivo a la izquierda para despistados.

El peronista disidente

Sergio Massa se presenta a las elecciones presidenciales bajo las signas de la coalición UNA. Su tercera posición en las encuestas, que el otorgan en torno al 20% de los votos, le sitúan a una distancia ya difícilmente transitable hacia la Presidencia. La cuestión se dirime en torno a dónde irían los votos que le corresponderían ante un supuesto ballotage Scioli-Macri en noviembre.

Hombre de mano dura, antes del lado del kirchnerismo hasta su renuncia en 2010, sus propuestas no disimulan que su baza gira en torno a la palabra que llena los telediarios de las cadenas privadas: la inseguridad. Apuesta por reducir la tasa de imputabilidad a los 14 años y reformar el Código Penal y Procesal estableciendo la cadena perpetua en según qué crímenes, como el narco, que combatiría con la creación de una Agencia Federal. En torno a la educación, lo tiene claro: penar el ausentismo del profesorado.

Juan Domingo Perón gobernó en tres mandatos. En cada uno de ellos mostró una faceta distinta. Lejos queda la discusión sobre si era izquierda o derecha. No incumbe aquí. Perón era estratega. A veces apertura, a veces cierre. No importa el hombre, importa el proyecto. Sin embargo, el peso de las propuestas en esta campaña, que marcarían la continuidad o el cambio en el proyecto,  es bien reducido. Importan las caras. La “norteamericanización” de la política. El contexto internacional parece ayudar bien poco. Si algunos se quejaban de que el kirchnerismo no había logrado profundizar en un nuevo orden económico y social, a la manera de Bolivia, menos va a hacerlo cualquiera de las tres opciones con más chances para gobernar. ¿Se ha agotado el neodesarrollismo? Puede. Lo que es claro es que se está buscando la solución en el lugar equivocado. Girando a la derecha.

Cristina Barrial Berbén
Asturiana en Argentina. Entre disparar y escribir elegí lo segundo: no entiendo el periodismo si no es militante. Sur y Este como puntos cardinales.

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