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Un paseo por La Habana vieja

Un articulo de Alex Puig

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Una de las calles de La Habana, de fondo el Capitolio – Foto de Alex Puig

La Habana, capital de Cuba y corazón de una revolución que inspiró al mundo entero. Ciudad de glorioso pasado y de un oscuro presente de fachadas desgastadas, edificios derruidos, ventanas rotas y un sistema eléctrico que deja mucho que desear.  El ruido de los cláxones, los motores de combustión de los anticuados coches y la música invaden las calles de la ciudad. A pesar de su precaria situación, La Habana está repleta de vida.

Salgo del Hotel Sevilla, el calor me abofetea y ya empiezo a sudar.  Me dirijo a la calle Obispo, arteria central de la Habana Vieja. Camino tranquilamente por su adoquinado suelo fijándome en las numerosas tiendecillas que invaden la calle: desde pequeños supermercados (tengo que decir que a duras penas hay productos básicos) a tiendas de anticuados electrodomésticos. A parte, un hombre ofrece cachorros de perro por 30 pesos, más adelante, otro está vendiendo gallinas y en frente suyo una mujer está tejiendo ropa. Un curioso panorama que se repite a lo largo de la calle entera.

Parque de La Plaza de Armas

Parque de La Plaza de Armas – Foto de Alex Puig

Al final de la vía, se encuentra la Plaza de Armas que acoge un mercadillo de antigüedades, libros y obras de arte. La gente se te acerca, te habla y te convence para que le compres algo, y sin duda lo hace. Me siento en el parque de la plaza, un lugar invadido por altas palmeras y vegetación frondosa. Los cubanos tienen una gran conciencia ecológica, ninguna de sus áreas verdes está descuidada.  Continuo con mi caminata.

Acabo en la plaza de la catedral, un sitio rodeado de arcadas invadidas por flores  y vegetación, hermosos sitio sin duda. Debajo de uno de los arcos, una anciana se fuma un inmenso puro (no es un tópico, todos los cubanos fuman puros!). Justo al llegar, un octogenario aparece y me pide algo de dinero.  Sin dudarlo, abro mi cartera y le doy 2 pesos, él sonríe. Su nombre, Luís Centelles.  Aprovecho para hablar con él y me cuenta la situación en la que vive, una situación precaria nada parecida a la que los revolucionarios prometían. Él lucho por la revolución, hoy en día pasa hambre. A pesar de todo se le ve alegre y sano.

Continuo andando. Me paro en una tabaquería y me compro una caja de puros habanos Guantanamera, pues no paro de ver a gente fumando y yo también quiero probar. No soy muy buen fumador, pero dada la ocasión me aposento en un bar y me enciendo uno. Después de toser incontables veces, acabo por pillarle el gusto y me lo fumo entero (laboriosa tarea ya que son endiabladamente largos).  Me da por la reflexión. Analizo a la gente que pasa y me fijo en la alegría que rebosan, cuantas sonrisas! Sin embargo, a pesar de su precaria situación, parece ser que aquí la gente es sana y feliz.

Cartel del bar La Floridita

Cartel del bar La Floridita – Foto de Alex Puig

Para acabar con mi paseo y con el calor, me paro a echar un trago en el bar La Floridita donde me sirven un Daiquiri (los mejores Daiquiris de cuba se sirven ahí, pues en éste bar se inventó la famosa bebida). Esta muy bueno. Me sirven otro. Está aún más delicioso. Entro en un estado de embriaguez que apenas me deja andar bien. Me encanta La Habana!

Redacció

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