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Favela Santa Marta, a los pies del Cristo Redentor - Bea del Corte
Favela Santa Marta, a los pies del Cristo Redentor - Bea del Corte

Un Río de favelas

Un reportaje de Bea del Corte

Desigualdades de Río: las favelas

Calles muy empinadas que suben sobre los cerros, con escaleras estrechas haciendo el juego de un laberinto, a veces acabando dentro de una casa. Pocas plazas y parques y muchas fachadas que se caen a pedazos. Postes de luz con demasiados cables pinchados. Violencia y marginalidad que generan una fuerte exclusión social sobre sus habitantes. Vistas como un submundo, son las favelas que se yerguen sobre los frondosos morros de Río de Janeiro.

Favela Santa Marta, a los pies del Cristo Redentor - Bea del Corte

Favela Santa Marta, a los pies del Cristo Redentor. Bea del Corte

Visitar una favela sin duda impresiona. Impresiona estar en el glamuroso barrio de Copacabana y en un par de calles en la famosa favela de Rocinha. Y es que Río de Janeiro es una auténtica ciudad de contrastes. Es curioso ver cómo uno de los barrios más ricos y lujosos fusionan sus límites con la favela más peligrosa y conflictiva. En la misma estampa, los altos edificios imponentes pasan a ser pequeñas casas medio en ruinas y las amplias calles limpias se convierten en estrechas escaleras repletas de basura.

Favela Santa Marta y al detrás el barrio de Botafogo. Bea del Corte

 

Casi 12 millones de brasileños viven en favelas. En Río de Janeiro existen aproximadamente unas 750, donde viven unos 2 millones de habitantes. El origen de las favelas se remonta al periodo de la esclavitud, cuando en 1888 se aprobó la ley que supuso su abolición; así, millones de personas tuvieron que buscar un nuevo hueco en la sociedad. En su mayoría esclavos, negros, mestizos, indígenas que se fueron asentando en lo alto de los cerros de la gran ciudad, cerca de zonas con alto poder adquisitivo, donde estarían próximos para trabajar para la clase alta. Es por eso que la línea de separación entre favelas y barrios ricos es ínfima.

Con los años, el crecimiento de estas comunidades creó el ambiente idóneo para que las organizaciones de narcotráfico encontraran en ellas las bases perfectas para su refugio. Según un vecino del barrio, la mayoría de los jefes de la droga viven o vivían en las zonas más altas, por si la policía entrase, hasta que llegase arriba, ya le hubiera dado tiempo de huir. El dinero derivado de la droga fue una de las principales fuentes para las favelas; los grupos de narcotraficantes llegaron a armarse más que el propio ejército brasileño. Aunque éste siempre tuvo alguna vinculación, siendo ejemplos perfectos de corrupción.

Desde los últimos años, muchas de estas favelas han sido ‘‘pacificadas’’. Se trata de una estrategia para reconquistar el poder de las comunidades, hasta entonces en manos de los narcos. Es por eso, que se puede decir que actualmente muchas de ellas han disminuido su peligro y delincuencia; pasear por ellas ya no es algo impensable. Pero eso sí, siempre hay que informarse bien antes de adentrarse, averiguar las condiciones de seguridad y, aunque sea complicado, intentar saber por dónde andas.

La zona más alta de Santa Marta. Bea del Corte

Y ahora, Río de Janeiro ha sumado a su lista de atractivos turísticos la nueva visita obligada del Favela Tour. En el camino, me encuentro con un grupo de turistas que utilizan la misma dinámica que la de un zoológico. Desde un Jeep, bien protegido, pueden ir viendo a los ‘‘animalitos’’, sacarles fotos sin que les ‘‘ataquen’’, ver las condiciones en las que viven, sus hogares, sus familias… todo desde la protección de tus guías por los 40€ que has pagado. Si lo piensas bien, es un auténtico disparate, por no mencionar a dónde irá a parar esa cantidad de dinero, que muy probablemente ni pisará la comunidad de la que se ha lucrado.

Rocinha, una de las favelas más famosa. Bea del Corte

La favela de Rocinha es considerada la más grande de América Latina, contando con cerca de 70.000 habitantes como dato oficial, aunque aseguran que podrían ser hasta 160 mil. Está casi unida con el barrio de São Corrado, uno de los más ricos de la ciudad. De día, Rocinha es todo movimiento y actividad. Las calles están llenas del transporte más común, el moto-taxi, ya que es idóneo para subir por las calles tan estrechas por las que no podría subir otro. La parte baja del barrio está llena de comercios, mercados con productos locales y tiendas como peluquerías o bares, carnicerías con animales aún vivos. La cotidianidad de la violencia por la que es famosa ya no forma parte de ella.

Santa Marta no es una favela grande, pero es famosa por el videoclip, They don’t care about us que rodó allá Michael Jackson, fuertemente criticado por pagar al jefe local del tráfico de drogas para garantizar su seguridad, me cuenta una vendedora de pinturas de la favela en la plaza donde colocaron una estatua de él. Tan sólo tiene unos 12.000 habitantes, pero entre ellas también es conocida por algunas curiosidades: una red de internet gratuita, un teleférico que conecta el punto más alto y más bajo y el primer programa de Unidades de Policía Pacificadora, que hace años que ocupó el barrio.

Jóvenes jugando al fútbol en la plaza principal de Santa Marta. Bea del Corte

Por lo general, todas siguen la misma estructura: casas bastante pequeñas, construidas generalmente con materiales de desecho y superpuestas unas a otras. Edificadas sin ningún tipo de planeamiento urbano, por lo que ni pagaban impuestos ni recibían servicios públicos imprescindibles, ya que el gobierno municipal no se quiso ocupar de ellas. Antes, tampoco disponían de agua corriente; cuenta una vecina del barrio que tenían que ir a recoger agua con cubos de una sola pileta común. La mayoría de las calles no tienen nombre, ni las casas números.

Pero ir a sumergirse en una favela no es sólo ver las condiciones infrahumanas en las que viven y visitar delito, pobreza o droga. Adentrarse en una favela es aprender de lleno la cultura brasileña. Además de bares, bazares o mercados, puedes deleitar con su música, eventos culturales o capoeira y fútbol callejero; porque en estas comunidades no sólo viven narcotraficantes o drogadictos, viven aproximadamente un 20% de la población carioca, con ganas de trabajar, estudiar, labrarse un buen futuro, niños con ganas de jugar, personas corrientes que forman barrios diferentes.

Niños en Rocinha. Bea del Corte

Muchas tareas domésticas son realizadas en la misma calle. Bea del Corte

Una niña va camino al colegio. Bea del Corte

Un grupo de niños posa ante la cámara. Bea del Corte

Calle colorida, Rocinha. Bea del Corte

Fachadas de las casas típicas de una favela. Bea del Corte

Poste con cables ‘robando’ luz . Bea del Corte

Favela Rocinha - Bea del Corte

Favela Rocinha – Bea del Corte

Habrá algunos que no entiendan las visitas a estos lugares, pero es algo imprescindible si quieres entender la historia y vida de una ciudad como Río de Janeiro. Son brutales contrastes que ayudan a poner rostro a las desigualdades de Brasil, el icono perfecto de las diferencias sociales.

Bea Del Corte
Isleña, sureña y Canaria viviendo en Barcelona. Creo en el periodismo que da voz a los que no la tienen. La naturaleza y el deporte son mis grandes vicios.

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