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Mario Savio al frente del Sproul Hall. Fuente: Princetonprogressive.com // NRP
Mario Savio al frente del Sproul Hall. Fuente: Princetonprogressive.com // NRP

Y este curso… ¿pensaremos?

Comienza el curso escolar, político y deportivo. En la esfera de la educación superior no está de más preguntarse qué se hará. No me refiero a planes para despedir el verano, ni los contenidos de los planes de estudio. Lo importante, considero, es qué se hará para hacer de la universidad un espacio donde además de aprender aquello de lo que pretendemos comer el día de mañana, logremos, gracias a la convivencia e interacción con el resto de estudiantes, convertirnos en verdaderos ciudadanos.

La universidad, podría decirse, es el único lugar exclusivo para jóvenes y no para cualquier tipo de jóvenes, sino, se presume, aquellos que quieren hacer del lugar en el que viven un lugar equitativo, igualitario y democrático. Para ello, como ya se ha dicho y repetido millones de veces, no basta con acudir a la caja con la ranura, como si fuera una hucha procurando que algún día aquello depositado resulte en algo bueno. El debate y los espacios para llevarlo a cabo, son necesarios para que desde ya se escuche la voz de unos jóvenes cuyo futuro, se dice –como joven con la esperanza e idealismo que supuestamente nos definen, espero que no- está perdido.

Este otoño se cumplen 50 años del Free Speech Movement (FSM). Así se autodenominaron los estudiantes que protestaron en la sede de Berkeley de la Universidad de California cuando el senador William F. Knowland, atemorizado por las sentadas en demanda de los Derechos Civiles en Mississippi, “anunció que las ya existentes regulaciones universitarias en prohibición de la actividad política serían seriamente reforzadas” como señala Martin Snapp en su artículo Radicals Revisited: Eyewitnesses to Berkeley’s Free Speech Movement Mark 50th Anniversary.

“El primero de octubre de 1964, Jack Weinberg del Congreso para la Igualdad Racial de manera desafiante instaló una mesa en frente del Sproul Hall”, describe Seth Rosenfeld en Free Speech Rhetoric and Reality: Why Savio, Kerr and Reagan Were All “Radicals”. La policía entró al medio de la plaza en coche para arrestarlo. Si, en EEUU las fuerzas del “orden” tienen permiso para entrar y pasear por la universidad.

Cuando la policía intentó salir con el estudiante ya arrestado no lo logró, se vio rodeada por decenas de estudiantes que se negaban a moverse hasta que Wienberg no fuese liberado. Así estuvieron durante 33 horas. Después de una tregua entre los estudiante y el presidente de la universidad, Clark Kerr, el coche salió del campus. Durante los siguientes días las protestas continuaron. La tendencia política de los estudiantes era indiferente, en ese momento todos estaban allí por lo mismo, tener la libertad a expresar sus ideas en el lugar en el que más se les escucharían: la universidad.

Tras una serie de errores tácticos por parte de la administración de la universidad, -ya habían aprobado la regulación, los estudiantes se habían marchado de vacaciones de acción de gracias, el FSM había perdido fuerza y aún así decidieron demandar a un grupo de estudiantes por la sentada del 1 de octubre- el FSM recobró vida. El 2 de diciembre, Mario Savio, un estudiante de filosofía, “emergió como el más destacado portavoz del movimiento y, aunque un poco balbuceante, sus palabras fluyeron mientras daba su discurso más conocido”, explica Rosenfeld.

Llega un momento cuando el funcionamiento de la máquina se vuelve tan repulsivo, que hace sentir tan enfermo, que no puedes continuar siendo parte de ello. No puedes ni siquiera hacerlo de una manera pasiva. Y tienes que poner tu cuerpo sobre los engranajes, sobre las ruedas, sobre las palancas, sobre todo el aparato y tienes que pararlo. Y le tienes que indicar a la gente que lo maneja, a la gente que lo posee, que hasta que no seas libre la máquina no volverá a funcionar de ninguna manera .

– Mario Savio.

Después de la protesta, los estudiantes ocuparon los cuatro pisos de uno de los principales edificios del campus. Horas después fueron desalojados y algunos de ellos arrestados. Finalmente, la regulación no se llevó a cabo y el FSM inspiró los movimientos en contra de la guerra, de Vietnam sobre todo, estudios étnicos, para la lucha por los derechos de las mujeres y los homosexuales y por el medio ambiente.

Es en este momento, 50 años después, en la misma plaza en la que intentaron arrestar a Wienberg y en cuyos escalones Mario Savio dejó huella es posible ver mesas con todo tipo de iniciativas, desde la lucha por los derechos de los inmigrantes, pasando por Bollywood, incluyendo el movimiento socialista, el partido estudiantil republicano, el comunista y el demócrata.

Berkeley, aunque tenga el “activismo en el ADN”, como dijo el actual rector de la universidad Nicholas Dirks, no es 50 años después un espacio en el que demostrar el desacuerdo de manera masiva. Así lo prueba la respuesta de los antidisturbios cuando los estudiantes pusieron las primeras tiendas de campaña en octubre del 2011 en consonancia con el Occupy Movement. Se espera que este otoño, medio siglo después y con grandes celebraciones por delante no se caiga una vez más en la hipocresía.

El FSM es solo la materialización de la necesidad de no concebir la universidad como un ante ajeno a lo que ocurre después de sus límites. Ni siquiera como una preparatoria para la vida real. Es un lugar, es el lugar, donde los jóvenes pueden hacer todo lo necesario para no ser el último eslabón de este sistema de engranajes, ruedas y palancas.

Maria Camila Ardila
Colombo-valenciana con base en Barcelona. Estudiante de periodismo en la UAB.

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