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Resistentes erróneamente llamados vencidos

Una crítica de Iris Rodríguez 

Vencidxs nace de la mano de Aitor Fernández, periodista y fotógrafo, que tomó una experiencia personal y llevó a cabo, junto con los 12 miembros del equipo, este proyecto transmedia de Documental, libro y web. Con 107 testimonios a verdaderos protagonistas del pasado más duro y reciente de la historia española. Casi 200 horas de material, que cuestan demasiado sintetizar en un documental de hora y media.

Gracias a la financiación propia, al crowdfounding y al apoyo de la escuela de periodismo  de Barcelona DateCuenta han sacado adelante la iniciativa. Un resultado emocionante que hace que las raras avis que ocupan un asiento en la sala de los Cines Girona en la ciudad condal salgan con la sensación de ser un poco más libres por la información de la que ahora disponen.

Estamos ante un documental tejido a base de recuerdos, pasando de puntillas por la historiografía oficial y aportando esa visión de la historia que está a punto de marchitarse y caer en el olvido. Antes de que ellos también desaparezcan tenemos la valiosa posibilidad de escuchar la historia que tienen que contarnos.

Este documental rinde homenaje a los 113.000 desaparecidos y asesinados durante la guerra civil y la posterior dictadura. A través de los testimonios de los supervivientes es posible sentir su miedo y su rabia por cómo tuvieron que luchar y esconderse como liebres ante unos cazadores falangistas con unos perros con tricornios y sotana.

Las voces de los protagonistas dejan entrever fugaces sonrisas cuando hablan de la pequeña gran hazaña conseguida el 14 de abril del 1931. La utopía que se convirtió en efímera realidad. El poder en asambleas administradas de abajo para arriba, el pueblo decidiendo realmente. Abolían el dinero y ejercían el verdadero comunismo libertario. Todo ello acompañado de un intento de revalorizar el papel de las mujeres como ciudadanas de pleno derecho. Pero también siendo conscientes de que tenía un tiempo limitado puesto que las élites no iban a permitir que continuase su poder. Iglesia, ejército y grandes terratenientes se encargaban de ponerle palos a las ruedas del cambio revolucionario.

Sabían lo que iba a pasar pero tenían claro que iban a morir matando, y así fue. Tras meses de guerra, como dice uno de los protagonistas “los corazones se iban endureciendo, no eres consciente de lo que sucede, solo piensas en resistir”. Era vivir o no vivir.

Y les llamaron “vencidos”. Ahí llegó lo peor: la humillación, la muerte a un paso, el dolor y el silencio, que cada noche se rompía con el sonido de las balas siendo disparadas contra aquellos que molestaban por tener el corazón demasiado a la izquierda.

La sensación tras el film es que todas estas personas no se identifican con el título que pretende definirles. No son vencidos, son resistentes. Son la prueba más fehaciente de que la resistencia republicana, anarquista y comunista en este país siguió viva, y ni la peor de las torturas ni de las represiones pudieron con ella.

El problema es que la segunda sensación que te abruma al acabar la proyección es que lo que no ha conseguido matar un régimen dictatorial a base de disparos y golpes, lo acabará consiguiendo la indiferencia de unos políticos que dirigen una sociedad milimétricamente adoctrinada. A través de la enseñanza de la historia descafeinada, tibia e insípida. Una indiferencia que busca borrar la historia sin haber curado las heridas. Unas heridas abiertas el 18 de julio de 1936 que nadie ha cerrado y pretenden ser ignoradas. Sin el mínimo pronunciamiento de disculpa y sin el reconocimiento a todo el sufrimiento vivido, la biografía de este país avanza sin reconocer la memoria de lo ocurrido.

Esta historia anónima y a la vez verídica, es la mejor de las respuestas para aquellos que se llenaban la boca criticando los pequeños esfuerzos de algunos gobiernos por restablecer la memoria histórica de este país. Para aquellos que maquillan y diluyen el relato de lo sucedido evitando responder a los peros y a los por qué. Este video de hora y media puede hacer llegar a la juventud la fuerza que todos estos nonagenarios radian en sus ojos pero que ya no pueden ejercer. Puede transmitirle a la sociedad esa necesidad de cambio y de clamar esa única venganza  a la que aspiran “a ver ganar algún día nuestros ideales en compensación por todo lo que luchamos”.

Dicen que solo te han vencido si has luchado, y este documental demuestra que existe otra versión, que son los vencedores quienes asignan la denominación de vencidos. Es con estas 107 voces que se compenetran al unísono como intentamos contar lo que los libros de textos descafeinados de historia no nos han querido enseñar.

Iris Rodríguez
Galega emigrada. Estudio periodismo en la UAB y Ciencias Políticas en la UNED. Intento escribir sobre cultura política, movimientos sociales y especialmente sobre feminismos.

Un comentari

  1. Gràcies per la vostra magnífica crítica. Seguim!

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