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cNicolás Maduro, compareciendo ante la Asamblea Nacional de la República. Fuente: La Nación

Venezuela tras El Comandante: Claves electorales desde la cuerda floja

Un article d’Alberto Prieto

Las elecciones a la Asamblea Nacional llegan a Venezuela en el peor momento del oficialismo desde el segundo gobierno de Hugo Chávez en 2005

El próximo domingo 6 de Diciembre Venezuela celebra unas elecciones legislativas que se presentan claves para el futuro de la República Bolivariana. El oficialismo chavista viene de unos resultados ajustadísimos en las parlamentarias de 2010 y todo apunta a que, si esta vez saca alguna ventaja, no será para nada cómoda. Los sondeos auguran, de hecho, una victoria aplastante de la oposición, aunque también auguraron una victoria aplastante de Capriles en 2012. La tensión dentro del gobierno y en las calles, eso sí, auguran unas elecciones complicadas. Nicolás Maduro ha reconocido que las del 6D serán “las elecciones más difíciles para la Revolución” y la oposición tiene el poder legislativo de la República a tiro por primera vez en 15 años. Las calles reproducen el clima de las esferas políticas del país – el asesinato de Luís Manuel Díaz en un acto del partido opositor Acción Democrática es prueba de ello – y, sin haber nada claro en los resultados finales, lo que sí parece claro que se avecina tormenta en Venezuela

La tendencia de las encuestas

Si hay algo que no es fiable para analizar el panorama electoral en Venezuela son sus encuestas. Depende del enlace en el que hagas click los números cambian de forma astronómica. El único interés que en este caso suscitan las encuestadoras es la tendencia a la indecisión. Una de las preguntas más válidas en este sentido es la del posicionamiento orgánico en bloques. Es decir, se pregunta al encuestado si se siente cercano al gobierno, a la oposición, o a ninguno de los dos. Cogiendo como referencia Hinterlaces, la Agencia de Inteligencia estatal de Venezuela, y el IVAD, un instituto de análisis sociológicos generalmente escorado hacia la oposición, el número de votantes que no se adscriben ni a la opositora Mesa de la Unidad Democrática – MUD en adelante ni al partido de Maduro, el PSUV, o a su entorno, ronda el 25%. En un panorama tan polarizado, que indecisos y voto a independientes representen un valor electoral tan alto es prácticamente una anomalía. Que este fenómeno coincida con la caída del voto al oficialismo parece tener un causante claro: hay una parte del electorado que sigue confiando en el proyecto socialista del PSUV, pero no confía en el PSUV como partido. Es decir, hay votantes en Venezuela que se alejan del oficialismo no porque piensen que hay que alejarse del socialismo, sino porque están descontentos con la gestión del gobierno en los últimos 2 años. Pero no lo suficiente para dar su voto a la oposición.

La figura de Nicolás Maduro

Tomando el IVAD como referencia, más de un 80% de sus encuestados piensa que la culpa de los problemas de Venezuela es del gobierno o directamente del presidente Nicolás Maduro. La popularidad del heredero del Comandante ha caído desde 2013, desde el 50% que consiguió gracias al paquete medidas contra el desabastecimiento conocido como el Dakazo hasta rozar el 30% a una semana de los comicios. Que la figura de Nicolás Maduro siga siendo la principal cara visible del oficialismo es, en este contexto, un problema. La relación de factores nos da un resultado bastante obvio: hay una base de voto considerable que aún confía en el proyecto de Hugo Chávez, pero que no cree que Nicolás Maduro haya sido capaz de aplicarlo. En este sentido el sector oficialista tiene un problema que la oposición no tiene. Ni el PSUV ni el resto de organizaciones del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar – la marca electoral que engloba a los partidos oficialistas – tienen una cara visible poderosa, ningún líder mediático que pueda, en un futuro, heredar la dirección de Maduro. Las otras cabezas del partido – Diosdado Cabello o Jorge Arreaza – lo son en la medida que lo es Maduro, y las acusaciones de corrupción o las relaciones con el tráfico de drogas flotan sobre sus cabezas, por mucho que el ejecutivo haya trabajado para desmentirlas. A Maduro le puede haber salido el tiro por la culata con su estrategia personalista, y si el presidente no consigue cambiar la tendencia de su popularidad, esto puede llegar a ser un verdadero problema de cara a las presidenciales, para las que aún quedan 4 años. Por su parte, las caras visibles de la oposición en este sentido son muchas: Leopoldo López, Henrique Capriles o Ramos Allup son solo algunas, y tienen capacidad de retroalimentarse, sustituirse en situaciones críticas y aglutinar además muchas sensibilidades bajo el paraguas del antichavismo. Aunque la cantidad de corrientes de la Unidad Democrática aporta, también, su propia desventaja.

La MUD se resquebraja por las costuras

La Unidad Democrática es una candidatura amplia. Amplísima. Tan amplia que va desde el socialcristianismo hasta el marxismo-leninismo. Tan amplia que unos sectores internos están cerca del Partido Popular Europeo mientras que otros han llegado a acusar a Chávez de ser un Falso Comunista. Y esto acarrea problemas. El principal es la disparidad de puntos de vista sobre la construcción de una hipotética Venezuela post-chavista. La expulsión del conservador COPEI – Comité de Organización de Política Electoral Independiente – es una prueba evidente de ello. Los conservadores, que aportaron en las últimas parlamentarias 10 escaños a la oposición en la Asamblea Nacional, salieron forzosamente de la coalición por diferencias con los sectores centrales – Primero Justicia de Henrique Capries, principalmente – . El voto democristiano, que viene representando cerca del 5% en anteriores comicios, ha perdido su principal referente en la Mesa, y los más de 700.000 votos del COPEI en 2010 podrían marcar una nada desdeñable diferencia en los resultados de la coalición opositora.

Además del caso de COPEI, hay parte de la izquierda venezolana que va rebotando entre oficialismo y oposición. Los socialistas Patria Para Todos o PODEMOS – POr la DEMOcracia Social – estuvieron en 2010 del lado de la MUD, pero han vuelto al chavismo después de procesos internos de decisión y alguna que otra escisión. Estos dos partidos vienen significando alrededor de un 6% del voto y, a diferencia de COPEI, que se queda fuera de los dos polos electorales, PPT y PODEMOS aportan, a priori, una transfusión directa de voto de los sectores izquierdistas de la Mesa hacia el chavismo.

Macri o la liberalización de la escena latinoamericana

Desde la victoria de Cambiemos en las elecciones argentinas, las referencias mutuas entre Mauricio Macri y los hombres fuertes del gobierno venezolano – sobretodo Diosdado Cabello – están al orden del día. La deriva derechista de Argentina – que no se limita a Macri, sino también a sus principales adversarios políticos, Daniel Scioli y Sergio Masa – significa una amenaza para los gobiernos progresistas en América Latina en general. Los medios europeos jalean al nuevo presidente argentino. Lo ven como una evidencia de que los regímenes populistas de Maduro, Evo Morales en Bolivia o Correa en Ecuador se caen a trozos. Argentina es ahora el nuevo centro neoliberal del continente y la oposición venezolana ve en Macri una inspiración, un referente, que les puede dar muchos votos de ahora en adelante. Incluso desde algunos medios afines al Gobierno, ven en el peligro que se avecina desde el sur una oportunidad para lavarle la cara al PSUV y al ejecutivo. En otras palabras, se suman a la crítica a Maduro y su entorno, y entienden que ahora más que nunca hay que recuperar la confianza del electorado, aunque tengan que rodar cabezas en la cúpula.

La participación va a favor de la MUD

Históricamente, al menos desde que Chávez subió al gobierno, a más participación más voto se va a la oposición. Las desastrosas elecciones parlamentarias de 2005, en las que la abstención llegó al 75%, dieron todos los escaños de la Asamblea Nacional al oficialismo. Por el contrario, en 2010, cuando el 66% de los venezolanos eligieron votar, la diferencia entre ambos sectores fue de apenas 100.000 votos. Hinterlaces apunta que la participación el próximo domingo puede rondar el 80%, y la tendencia favorece claramente a la oposición.

En este contexto, Maduro lleva moderando su discurso en las últimas semanas. La identificación de la oposición con el imperialismo sigue ahí. La campaña es igual de agresiva que ha sido siempre, pero los cuadros del partido han aparecido en los medios llamando al diálogo, y afirmando que aceptarán el resultado electoral, sea cual sea. En una semana puede consumarse el cambio de rumbo de una América Latina que lleva años siendo la referencia de la izquierda a nivel internacional, y el ejecutivo venezolano parece estar mentalizado para vivir cuatro años más – hasta las presidenciales de 2019 – con la Asamblea en contra.

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