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[VÍDEO] Jordi Évole: “El sistema nos tiene bastante cogidos por los huevos a todos”

A Jordi Évole (Cornellá de Llobregat, 1974), aunque a algunos les parezca, el éxito no le ha venido de un día para otro. Comenzó poco a poco, en radios y televisiones locales, en algunas más grandes como La Ser, pero no fue conocido hasta que se convirtió en El Follonero: “picando piedra”, así como él mismo aconseja empezar en el mundo del periodismo.

Fue gracias al programa Salvados, que acaba de terminar su novena temporada, que se convirtió en la persona, que no personaje, aclara, con la que cada domingo a las 9:30 alrededor de 3 millones de personas de media conectan su televisor para que les deshaga un poquito los nudos de este enredado país.

Tras meses de espera para una entrevista con él, la cita se fijó en los estudios de Mediapro el día de Sant Jordi, curiosa coincidencia. Desde ese día, la conversación sobre la precariedad del periodismo, la política y el sistema, en su opinión “viciado”, ha estado en los cajones de lacolumna.cat esperando a salir a la luz en un día tan importante como hoy, 26 de junio, día en el que estrenamos nuestra nueva web.

¿Por qué cuesta tanto encontrar a Jordi Évole?

Porque trabajo demasiado, creo, tendría que trabajar menos. Toda la vida he visto en mi casa gente muy atareada y a veces parece que si no estás trabajando algo estás haciendo mal. En ese sentido estaría bien que nos relajásemos un poco. Aparte, va un poco con el carácter catalán. Siempre digo que, en ese sentido, tenemos un déficit respecto a otras comunidades. No quiere decir que trabajen menos sino que saben disfrutar más. Por ejemplo, hay la tradición de acabar la jornada laboral e irse a tomar una caña. Eso aquí cuesta mucho más.

Si ahora mismo salieras de la facultad, ¿qué harías?

Creo que haría lo mismo que hice en su momento. Durante el último trimestre prácticamente no puse los pies en la universidad porque estaba haciendo una beca en La Ser. Empecé a buscarme la vida sin cobrar un duro, algo que no es recomendable y no debería pasar, pero que en mi época ya ocurría. Yo aconsejaría no parar. Cuando acabes vas a tener que picar mucha piedra, es así como se aprende el oficio. Creo que siempre hay que remunerar lo mínimo para poder hacer el trabajo con una mínima dignidad. Deberíamos ser un poco más respetuosos con la gente que viene a trabajar, acabe de salir de la facultad o no, que todo el trabajo se remunere.  En mi época también decían: “No sé por qué estudiáis periodismo si no hay trabajo”. Esto es una especie de mantra que yo me niego a aceptar.

Este tipo de medios [alternativos] son los que pueden ejercer el periodismo con libertad, algo que yo creo que en los grandes medios nos hemos olvidado.

¿Estamos condenados a ser becarios eternos?

No estoy de acuerdo. Creo que se está haciendo más periodismo de calle que el que se hacía hace 15 años, por ejemplo. Creo que hubo un tiempo en el que el periodismo entró en un cierto apalanque, además en las redacciones no se cobraba del todo mal. Detecto entre los periodistas de vuestra generación que vuelven la calle, el barrio, las ganas de levantar un tema y estar con el ciudadano. El periodismo tiene que ser eso. Somos el contacto entre el poder y el ciudadano, esa correa de transmisión. El poder nos va a intentar abducir, va intentar que estemos en su servicio, alejarnos del ciudadano. El periodista que está cerca del poder, para mí, deja de ser periodista.

Entonces, ¿puede llegar a ser compatible un periodismo de calle con la situación de precariedad que viven los medios? 

Lamentablemente sí, es compatible hacer periodismo de calle y cobrar poco. Vale aclarar que prefiero cobrar poco y hacer ese periodismo de calle, que no cobrar poco y además hacer periodismo de redacción. Al menos me lo voy a pasar mejor, voy a tener esa chispa de intentar levantar temas, de currármelo. 

¿Qué cabida tienen los medios alternativos en este panorama?

Toda. Los medios alternativos son libres. No tienen ningún tipo de presión de ninguna marca, ningún poder político que les compre ejemplares. Este tipo de medios son los que pueden ejercer el periodismo con libertad, algo que yo creo que en los grandes medios nos hemos olvidado.  Hemos malinterpretado que en el momento en el que el poder económico pone publicidad en un medio puede condicionar su contenido, así se pervierten la comunicación y la información. Los grandes inversores en medios deben entender, y todos nosotros como periodistas tenemos que luchar cada día para hacerle entender a nuestro jefe, que el hecho de publicar una información que pueda perjudicar a alguno de sus amigos puede ser muy bueno para el medio pues le dará fiabilidad y rigor.

Los medios de comunicación donde a veces hay más inversión publicitaria son aquellos que son muy dóciles, en cambio, los críticos ven cómo las grandes marcas huyen de ellos de manera equivocada, pues los contenidos de mayor calidad tienen más audiencia y esta audiencia son los clientes hipotéticos de los anunciantes. Yo creo que hay programas de Salvados, y también de algunos compañeros de la cadena, que a mis jefes no les han gustado, pero es que nuestro trabajo pasa por allí.

¿Ha habido algún estirón de orejas?

A mí no, tenemos la suerte de que nos ve mucha gente. Este es el único poder que tenemos como periodistas: llegar al ciudadano y que se interese por lo que tú haces. El día que nos vea menos gente seremos más vulnerables y no será tan difícil toquetear Salvados. Que mucha gente se haya sumado a nuestro carro y nos vea nos da una fortaleza que tenemos que aprovechar. Sé que no será eterno, puede que un día el espectador se canse de Salvados, nos cansemos nosotros o  dejemos de tener esa conexión con el ciudadano.

O quizás cuando se acabe la crisis deja de haber tanto interés…

También puede ser. Yo espero que la crisis sirva para que el espíritu crítico no desaparezca.  De momento, y mientras tengamos este respaldo, vamos a aprovecharlo. Defenderemos temas aunque sean incómodos para nuestros jefes. 

¿Consideras que puede haber un Salvados sin Jordi Évole?

Claro que sí. Me encantaría que hubiese un Salvados sin Jordi Évole. Y me encantaría que hubiera un Salvados en México, Argentina o Chile, o en otro país. Creo que el  espíritu Salvados no solo está en mi.

Entonces, ¿cuál es el espíritu Salvados que engancha a la gente cada domingo? 

Yo creo que engancha el poder entender temas que no son tan claros cuando te los explican otros. Es así porque nosotros tampoco lo entendíamos de saque. Hay muchos temas a los que me enfrentó de los que no tengo ni idea, estoy como el espectador. Acabamos preguntando lo básico para entenderlo. Es un formato que ha conectado con un público, que en este caso hemos tenido la suerte, ha sido numeroso.

¿Preguntando lo básico no hay peligro de caer la superficialidad?

Yo creo que a veces confundimos la superficialidad con lo simple. Y a veces en la superficie están las cosas más básicas que te permiten entender lo demás. Pero sí, igual tienes razón y a veces somos superficiales, espero que no, pero igual a veces  sí. 

¿Ha incrementado Salvados las ganas de información?

No creo que haya ido un mérito nuestro. Estamos en un momento en el que la ciudadanía tiene más ganas de saber que nunca. Como periodistas, somos unos privilegiados de vivir un momento así. La ciudadanía tiene ganas de saber qué le está pasando y cómo hemos llegado hasta aquí. Podría ser comparable a lo que se vivió aquí en la Transición a finales de los 70, principios de los 80, por lo que me cuenta mi padre. Ahora se consume más información que nunca gracias a las redes. Otra cosa es que las empresas periodísticas vivan una situación muy complicada.

¿Crees que la sociedad está dispuesta a pagar por unos contenidos que hasta el momento han sido gratuitos?

Es una tarea muy difícil porque hemos acostumbrado al lector, al espectador, al oyente a que todo puede acabar siendo gratis, sobre todo al lector de prensa, pues con la irrupción de Internet el pagar un euro, cien pesetas por el periódico del día desapareció. Durante un tiempo no hubo que pagar por nada y ahora los periódicos se han dado cuenta del déficit que eso les ha supuesto. Hay que hacer pedagogía y no criminalizar el hecho de pagar por la información. Informar no es gratis, hay que investigar, dedicarle tiempo y para eso, lamentablemente, se necesita dinero. Creo que sería bueno reeducar al lector. Seguramente por lo que te cuesta un cubata un sábado por la noche puedes tener la suscripción mensual a un medio de comunicación y, creo, puede enriquecer un poquito más.

Los viejos medios van por el mismo camino de precariedad, tenemos a tus compañeros de El Periódico. ¿Por qué cuesta tanto que las caras visibles se posicionen o den apoyo a lo que está pasando?

Yo me posicioné. No lo sé. En estos días, por ejemplo, está habiendo un boikot a Fnac de escritores conocidos.  En otra época hubiera pasado con mucha más pena que gloria. No digo que esté pasando con gloria pero si con menos pena. Tenemos unas redes sociales que permiten hacer correr la información de una manera más democrática y muchos colectivos lo están aprovechando.

¿Cómo se pueden defender posiciones progresistas desde un canal de televisión propiedad de José Manuel Lara, de marcada ideología conservadora?

En mi caso sin ningún problema. Yo creo que el grupo Atresmedia y el jefe, José Manuel Lara, han entendido que La Sexta tiene una personalidad propia y la han respetado. Para mi eso es un acierto. Creo además que él, al igual que su padre con la editorial Planeta, no tiene manías a la hora de publicar a escritores de derechas o de izquierdas. Me parece que es aplicar el mismo modelo de negocio en este caso en televisión.

Yo creo que uno de los déficits de este país es no haber visto a ninguno de estos líderes económicos en un prime time televisivo explicando cómo han visto ellos estos años en España, qué ha pasado

En ese caso, sería una parte más del negocio.

Si, pero la personalidad de La Sexta ya era la que es antes de ser adquirida por José Manuel Lara. Él la ha mantenido, cosa que me parece muy inteligente por su parte, y el hecho de que hagan negocio con esa cadena, bienvenido sea. Mientras a mí y a mis compañeros nos dejen mantener la misma línea… Otra cosa sería que nos dijeran: “pues ahora como hemos llegado nosotros los contenidos tienen que ir por aquí”.  

¿Se podría permitir Salvados emitir un programa sobre Emilio Botín o Isidro Fainé?

Si. 

¿Se hará? 

No, porque ellos no quieren hablar. Normalmente a la gente que tiene mucho dinero no le apetece salir en televisión. Tiene más que perder que ganar. Pero me encantaría. Yo creo que uno de los déficits de este país es no haber visto a ninguno de estos líderes económicos en un prime time televisivo explicando cómo han visto ellos estos años en España, qué ha pasado, por qué no han dado la cara. Creo que es un déficit.

Incluso se podría hablar de una manera u otra un déficit democrático

Sí, a pesar de que ellos no se deben a ningún tipo de electorado, porque nadie les ha votado y están ahí por unos méritos y habilidades empresariales que nadie va a discutir, a mi me gustaría saber qué opinan. 

Al fin y al cabo son ellos un poco los que mueven las riendas detrás de los políticos, ¿no?

No sé hasta qué punto mueven esa especie de marionetas que nos dibujan los humoristas gráficos. Sería una buena pregunta para hacerles. 

Somos más crueles con la clase política, que está ahora en un momento más débil, que con la élite económica, de la que podemos ser más presos desde nuestros medios de comunicación.

Comentaste en una entrevista JotDown que evitas tratar ciertos temas no por presión sino por sentido común. ¿Influye alguien en ese sentido común?

Influye el dolor que puedas causar. Cuando hay un colectivo al que sabes que ese tema le puede causar dolor, tienes que ir un poco con pies de plomo. Se me vienen a la cabeza las víctimas del terrorismo, por ejemplo. A veces recuperar unas imágenes de archivo y ponerlas en un reportaje puede causar un gran impacto a las personas que sufrieron una tragedia y que están en su casa relajadas viendo la tele.

En la misma entrevista a JotDown afirmaste que el 90% de los políticos son gente honrada. Normalmente atacas al otro 10% eludiendo a otra gente que puede haber detrás.  

Yo creo que el porcentaje desde esa entrevista igual puede haber aumentado. Del 10% ha pasado a un poquito más. Sigo pensando que la mayoría de políticos son honrados. El problema es que la política ha creado una de las burbujas que en las que vive este país. Una burbuja política en la que parece que entre ellos se pueden permitir actitudes y comportamientos que vistos desde fuera son insultantes. Haría falta una regeneración política muy importante. Ya sé que se habla mucho de regeneración política y nadie sabe muy bien en qué consiste.

No creo que sea cuestión de edad, hay políticos jóvenes que han llegado a la política con los mismos vicios de los mayores. Los liderazgos a veces son vistos con negatividad, pero según qué tipo quizás puedan llegar a reilusionar a sectores de la sociedad en la política. Sé que esto de los liderazgos nos puede llevar a los populismos y estos a los fascismos, y a veces nos podemos complicar más la vida. Pero estaría bien que volviésemos a escuchar una entrevista a un líder político y pensar: “¡Ostras! Me parece bien lo que dice”. El ciudadano también está un poco huérfano de esto.

¿Castigando siempre a la casta política se elude al sistema que hay detrás, a la raíz?

Somos más crueles con la clase política, que está ahora en un momento más débil, que con la élite económica, de la que podemos ser más presos desde nuestros medios de comunicación. Porque a veces estos últimos son los que avalan nuestras crisis, nuestros créditos… Parece que es más difícil meternos con ellos. Dicho esto, también es verdad que el ejemplo que ha dado la clase política no siempre ha sido el más edificante, pero estaría bien que de tanto en tanto aflorasen los casos positivos.

¿Los hay?

Sí, yo creo que sí que los hay.

¿De qué nuevo sistema podríamos estar hablando?

Le pregunté lo mismo a José Luis Sampedro: “Si el capitalismo se acaba, ¿a dónde vamos?”.  “Ya me gustaría a mí saberlo, es como si le hubieses preguntado a un señor feudal: cuando el feudalismo se acabe, ¿a dónde iremos? Seguramente no hubiese tenido respuesta”, me contestó.

A mi me gustaría ir hacia una sociedad más justa, con una mayor redistribución de la riqueza, con un pago de los impuestos eficaz, que cada cual pagase lo que le corresponde, que no se escaqueasen con la facilidad con que lo están haciendo ahora. Seguramente, solamente con eso lograríamos mucha más justicia social de la que hay. 

¿Se evita hablar del capitalismo?

Bueno, digamos que no sé si se evita hablar del capitalismo…Creo que nosotros hemos hablado bastantes veces de que el sistema estaba bastante viciado, tampoco te puedes pasar todos los programas hablando de eso porque tienes que ir variando. Pero vamos, a mí no se me cae ningún anillo por decir que el capitalismo ha entrado en una deriva muy negativa, sobre todo para los más desfavorecidos

Da la impresión de que la gente de aquí no se da cuenta de qué es el capitalismo

Yo creo que se ha dado más cuenta que otras veces. Si hiciésemos un ranking de popularidad de las ideologías, no creo que el capitalismo estuviese ahora en los puestos de arriba. Hay desencanto con el sistema económico. Si los que padecen la crisis son los de siempre, mientras las grandes fortunas solamente crecen, creo que es una evidencia de que en el sistema algo falla, y si los de arriba siguen tensando la cuerda, que piensen que al final las cuerdas se rompen. La gente se va a acabar cansando y le va a ver el cartón al sistema. Eso igual les acaba pasando factura.

¿Por qué ha costado tanto que la gente deje la indiferencia de los últimos años de lado y se levante?

Bueno, y todavía cuesta que la gente se levante.  El sistema ha sido muy inteligente, el sistema nos tiene bastante cogidos por los huevos a todos. Quien no tiene una hipoteca, tiene un crédito… El sistema ha conseguido que todos tengamos algo que perder. El conservadurismo se basa en querer conservar algo. En el momento en el que a todos nos han dado algo, hemos tenido algo que conservar. Después de este tsunami que ha supuesto la crisis, cada vez hay más gente que tiene muy poco que perder, nada que conservar. Y eso puede hacer que la cosa, igual, cambie.

¿Explotará pronto?

Yo creo que se pueden hacer demoliciones controladas, yo no soy muy de explosiones. Sí que es verdad que la rabia a veces te lleva a las explosiones, pero yo soy más de las primeras. Creo que a los sistemas se les puede cambiar desde dentro. Estoy convencido de que en las próximas elecciones europeas el bipartidismo va a sufrir un revés importante, veremos más pluralidad dentro del arco parlamentario. Que nuevas formaciones políticas, por sorpresa, consigan representación, aunque sean contados los casos, va a obligar a hacer las cosas de otra manera. Se van a acabar los rodillos políticos.

A mí no se me cae ningún anillo por decir que el capitalismo ha entrado en una deriva muy negativa.

 Esa pluralidad también se está yendo cada vez más hacia la extrema derecha. Lo podemos ver en Grecia o, aunque no estén en crisis, los países del norte. ¿Crees que la sociedad española también podría salir perjudicada por una afinidad de la extrema derecha?

Hay quien dice que si algo ha hecho bien el Partido Popular es precisamente domesticar a la extrema derecha, aunque es verdad que ahora están teniendo una fuga por ese flanco y están apareciendo nuevos partidos con un sesgo todavía más de derechas que el PP. Sin embargo, opino que lo mismo le está pasando a la izquierda. Espero que el mensaje facilón de la extrema derecha de “todos nuestros males vienen por aquellos que han venido de fuera” no cale en aquellas capas sociales que peor lo están pasando.

Creo que la sociedad española, en ese sentido, es más madura de lo que nos pensamos, algo de lo que enorgullecerse como país. Hemos recibido muchísima inmigración, con grandes muestras de convivencia, y sufrido el terrorismo provocado por islamistas radicales sin ninguna reacción contra la comunidad musulmana. Hay conflictos, pero no creo que estos hayan llevado a la existencia de una extrema derecha potentísima. Existen casos aislados, como el de Plataforma per Catalunya, para mi muy anecdótico y que me gustaría que lo fuera más porque es una formación política que me da asco.

¿Es necesario representar un personaje para tener sitio en el panorama mediático, cómo por ejemplo Risto Mejide, Tomas Roncero?

Yo no creo que represente un personaje actualmente. Lo representé cuando estaba en la grada con Andreu Buenafuente. Lo que hago ahora no es un personaje, básicamente porque yo soy muy mal actor y creo que solo tengo un registro: el que hago en el programa. Que cada uno haga lo que buenamente sepa o pueda. Yo en mi caso no tengo que hacer ningún esfuerzo, el que sale en Salvados tiene bastante que ver conmigo.

Entonces, se podría decir que el Jordi Évole de Salvados es el Jordi Évole becario de La Ser…

Sí, sí. O el Jordi redactor de Viladecans Televisión. Siempre me ha gustado la posibilidad de contar historias al espectador y el periodismo es una manera de hacerlo, en este caso con una vocación más informativa. Ahora salgo a la calle con más medios y con este equipazo que veis aquí, a hacer lo mismo: contar historias. 

 

Redacció