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Acto conmemorativo Gasteiz, por Olatz Alonso
Acto conmemorativo Gasteiz, por Olatz Alonso

40 años de memoria, 40 años de impunidad

Un artículo de Olatz Alonso

3 de marzo de 1976. Vitoria amanecía en huelga general. Lo que debía haber sido un día de reivindicación de los derechos de los trabajadores (incrementos salariales, respeto de las bajas por enfermedad y disminución de las jornadas laborales) terminó siendo una experiencia que pone en duda aquella máxima de que la Transición española fue ejemplar por su naturaleza consensuada y no violenta: cinco personas murieron el 3 de marzo en Vitoria a causa de los disparos de la policía. Este año se cumplen 40 años de los hechos en medio de diversos actos conmemorativos, pero todavía con tres importantes necesidades: verdad, justicia y reparación.

“Hoy, en este día tan especial, en este 3 de marzo de 2016, lloramos a nuestros muertos, sí, pero también renovamos, como cada año, nuestro compromiso con su legado”. Esta frase del escritor Juan Ibarrondo, leída en el acto de homenaje a las víctimas celebrado por la mañana, resume el espíritu que cada año despierta esta fecha en la ciudad: unidad y solidaridad ante la impunidad. Sindicatos y partidos políticos han arropado a las familias en los actos matinales y, un año más, el monolito en recuerdo de los muertos se llenaba de flores. Una muestra de que, un año más, herriak ez du barkatuko (“el pueblo no lo perdonará”). Un año más. Y ya van 40.

En la tarde del 3 de marzo la policía vaciaba la iglesia de San Francisco de Asís, en el barrio de Zaramaga, en la que se estaba desarrollando una asamblea, para recibir con munición real a los trabajadores reunidos. Disparos que causaron la muerte a tres personas: Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro y Pedro Mari Martínez Ocio. Días más tarde fallecerían José Castillo García y Bienvenido Pereda Moral. Cinco asesinatos de civiles a manos de las fuerzas armadas que la versión oficial achaca a los propios manifestantes, ya que, según recoge, la policía fue acorralada y los disparos fueron efectuados en defensa propia. A raíz de los hechos se produjeron manifestaciones de solidaridad en diferentes lugares y también dos muertes más: las de Vicente Antón Ferrero en Basauri y la de Juan Gabriel Rodrigo en Tarragona.

La reacción a los asesinatos fue de unidad, patente en las imágenes en las que miles de personas acompañan los cinco féretros por las calles de Vitoria, y de rabia, reflejada en la canción “Campanades a morts” de Lluis Llach. El cantautor ha sido homenajeado esta semana por el Ayuntamiento de Vitoria por “su cariño, cercanía y solidaridad a las víctimas de aquella masacre” y por su voluntad de “denunciar la impunidad que en ese momento reinaba en el Estado”, en palabras del alcalde Gorka Urtaran. Acto en el que el grupo del Partido Popular no participó alegando que “es un político en activo” y que “no tiene ninguna vinculación con Vitoria”.

Con motivo del aniversario se han organizado diversas actividades conmemorativas, desde exposiciones y la inauguración de un memorial en el barrio de Zaramaga hasta unas jornadas internacionales sobre verdad, justicia y reparación. Carlos Martín Beristain, experto en memoria y construcción de la paz, aseguró en ellas que “la verdad tiene que reconocer que lo que pasó no es justo, que los autores tienen que tener una sanción, sobre todo moral, y tiene que existir una dignificación de las víctimas”. Tres premisas que brillan por su ausencia en este caso.

El Estado español aún no ha reconocido a las víctimas ni ha pedido perdón por los hechos. El propio Llach declaraba que “entonces no imaginaba que este olvido duraría 40 años. Es algo que un país democrático, cuando es verdaderamente democrático, no se puede permitir”. La justicia española no ha juzgado nunca lo sucedido e incluso se negó la extradición de Jesús Quintana Saracibar, capitán de la policía que participó en el despliegue de 1976, y de Rodolfo Martín Villa, ministro de Relaciones Sindicales de la época, que la jueza Servini, que investiga los crímenes del franquismo desde Argentina, demandó por estos hechos. Tampoco fue juzgado Manuel Fraga Iribarne, Ministro de la Gobernación ese 3 de marzo de 1976 y, por lo tanto, máximo responsable de lo sucedido.

Sin embargo, el Parlamento Europeo aceptó a trámite esta semana la denuncia que en 2015 presentó la Asociación de Víctimas del 3 de Marzo y el alcalde de Vitoria ha propuesto al resto de grupos municipales que el Ayuntamiento, como institución, abra una causa penal en los juzgados de Vitoria. De momento, el único grupo que ha declarado su apoyo expreso a la iniciativa ha sido EH Bildu. Podemos e Irabazi lo trasladarán a sus asambleas y el PP y el PSE estudiarán la moción que se votará el 18 de abril. En el Parlamento Vasco, PNV, EH Bildu y PSE han acordado una declaración que pide al Gobierno central que reconozca a las víctimas y en la que denuncian la pasividad de la justicia.

A las 19:00 de la tarde arrancaba la manifestación convocada por los sindicatos, que en vez del de otros años, realizó el recorrido que se hizo en 1976. Más de 12.000 personas marcharon hasta la iglesia de San Francisco, donde tuvo lugar el último acto del día. Desde la Asociación del 3 de Marzo aseguraron que seguirán luchando por que se haga justicia. Sobre los ataques que el martes sufrieron los monolitos, declararon que “las pintadas se pueden limpiar, pero las conciencias no”. Los sindicatos también se sumaron a  la exigencia de justicia y reivindicaron la lucha de los trabajadores para conquistar derechos y mejoras sociales. La jornada terminó con un aurresku ante el monolito y un espectáculo de luces y humo en el exterior de la iglesia.

Dicen que el tiempo hace el olvido. Pero está claro que en el caso del 3 de marzo no ha sido así. Estos 40 años, a falta de justicia y reparación, han servido para reforzar la memoria colectiva, para reafirmar la determinación de que, antes o después, aquella masacre de 1976 será reconocida, juzgada y, sus víctimas, reparadas. Pero hasta entonces: “que en la mort us persegueixin les nostres memòries”.

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